La portada de este libro de cuentos de Juan Mihovilovich es alucinante. El color negro que prevalece sobre una figura de un sujeto que juega al ajedrez, pero cuya fisonomía está casi borrada en un gesto o actitud que puede indicar desenfado, ira o simplemente no saber quién es y quién ganará la partida mediante un jaque mate, le dan a la ilustración como paratexto un carácter particular. Además, el título de la colección de relatos que conforman el texto también es sorprendente. Ninguno de los cuentos lleva este título. Sólo cinco de los veinticinco que configuran la programación textual tienen este vocablo o sustantivo, síndrome. La palabra mencionada tiene una denotación que alude al campo semántico de lo médico. El síndrome indica los signos o síntomas de una condición clínica o una posible enfermedad. Juan Mihovilovich agrega el adjetivo calificativo alucinante que tiene, a su vez, una connotación de asombroso, increíble, fantástico o impresionante. El adjetivo también se relaciona con la alucinación. En la literatura universal siempre ha habido personajes que transitan por estos senderos que están encapsulados en el título de esta colección de cuentos. El lector de esta obra se dará cuenta de estos aspectos mínimos que hemos descritos. El síndrome y la alucinación como formando parte de nuestra condición humana.

El ejercicio escriturario de Juan Mihovilovich a lo largo del tiempo lo acredita como uno de los más destacados narradores chilenos recientes. Su prosa es absolutamente excelente al momento de desplegar las historias y tramas de sus relatos sean estos novelas o cuentos. Una prosa sobria y lúcida que, en este caso, sirve para narrar asuntos, motivos o situaciones alucinantes que pueden descolocar el lector como en una partida de ajedrez -tal vez allí está el sentido icónico de la portada. El receptor del texto se enfrentará a relatos que conjugan aspectos realistas con otros que entran en el plano surrealista, o ambas situaciones a la vez. Estamos en presencia de una creación narrativa excepcional donde la escritura de Juan Mihovilovich nos va introduciendo en espacios y tiempos alucinantes con personajes que no le van en zaga a esta condición sindromática.

No sé si así lo programó expresamente el autor nacido en la terra australis, abogado y ex Juez de la República, pero creo que el último de los cuentos presentados es una forma de texto poético. Uso el término en el sentido primario de la palabra poiesis, creación. Estimo que Síndrome diario es la concepción poética de los veinticinco relatos que lo anteceden. En otras palabras, el sujeto narrador que se propone escribir un diario que dé cuenta de su existencia alucinante no es otro que el que se nos hace presente en los relatos anteriores. El sujeto escribidor de los relatos generalmente está en primera persona -un narrador homodiegético inmerso en las situaciones alucinantes-, o bien un narrador que domina el asunto y, por tanto, está involucrado en la historia como testigo o sujeto omnisciente. El lector, en consecuencia, se enfrentará a relatos que revelan asuntos temáticos diversos donde prevalece lo asombroso, lo fantástico, lo sorprendente. Por lo tanto, Juan Mihovilovich transita por los senderos de los escritores que han incursionado narrativamente en tramas donde se hace presente lo que escapa a las coordenadas espacio temporales en los que estamos ubicados en la realidad contingente. No hay que olvidar que en la literatura ingresamos a un mundo paralelo, independientemente de que este se encuentre asentado en la realidad factual. Es la verdad de las mentiras como lo enseñó Vargas Llosa.

No quiero realizar una síntesis de las temáticas de los veinticinco relatos. El lector debe descubrir la riqueza alucinante que tienen cada uno de ellos. El receptor ingresará a mundos que varias veces son maravillosos o fantásticos -también de realismo mágico del García Márquez de Ojos de perro azul– o derechamente surrealistas. Textos que dialogan con el orbe kafkiano donde la realidad inmediata está trastocada por la imaginación. Relatos que de alguna manera son experiencias existencialistas de los protagonistas donde el tema del doble borgeano no deja de estar presente. Cuentos donde el eros y el thanatos son ineludibles. Como lo dice el autor del texto de la contraportada, en estos relatos de Juan Mihovilovich estarían los enmascaramientos con que se suele envolver la existencia. En fin, la lectura de estos llevará al lector a diversas denotaciones.

Un aspecto que deseo destacar es que en el volumen de Síndromes alucinantes hay textos que están dentro del género del tercer milenio, el denominado microrrelato. El titulado Esquizoide narra el encuentro de un esquizofrénico y el sujeto narrador que es un juez de paz. El diálogo que mantienen es de antología. Todo en diez líneas. Un microcuento perfecto.

En definitiva, esta reciente obra de Juan Mihovilovich no hace más que acrecentar y confirmar su solvencia como narrador; por tanto, sumamente recomendable su lectura.

Por admin

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