“Al incendiarse mi biblioteca, supe que debía escribir al respecto, contando qué se siente al perder los libros, entendiendo cuánto tiempo se tarda en formar una colección”.
Texto e imagen, por Eddie Morales Piña. Crítico literario.
La obra de Marjorie Mardones Leiva -estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de Concepción y Bibliotecología en la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso donde, además, cursó el Magister en Arte y Patrimonio; es poeta y cuentista, docente de la UPLA- está focalizado en el megaincendio que hubo en la región de Valparaíso en el año 2024. Esta fue una verdadera tragedia que afectó a muchas familias que vivían en los lugares devorados por un fuego apocalíptico que asoló dichos espacios. El fuego no nació espontáneamente, sino que fue provocado y dejó no sólo la desolación sino también la muerte.
El libro se nos presenta como Memorias del megaincendio de Quilpué 2024 en el subtítulo que Marjorie Mardones pone en la portada del texto. Efectivamente, no sólo se trata de unas memorias, sino también de un testimonio. Entre ambos términos hay una suerte de entrelazamiento significativo, o bien de una relación semántica connotativa. Ambos conceptos están encapsulados ahora en una forma de discursividad que teóricamente denominan a los géneros de al lado. Como es bien sabido, cuando se habla de géneros literarios se alude a la narrativa, la lírica y la dramática. Desde estos en el transcurrir del tiempo han derivado otros formatos escriturarios, como lo son las memorias y los testimonios, aunque ambos se pueden rastrear desde los inicios de lo que llamamos literatura. Las memorias son discursividades donde el enunciante pone en acto todo aquello que está en el receptáculo de su interioridad, pero que va a revelar mediante un escrito donde el sujeto del enunciado -lo que se dice- es el mismo de quien desenvuelve la escritura. En otras palabras, es un yo que se revela o descubre ante el potencial lector. El discurso memorístico, en consecuencia, deja establecido para la posteridad un espacio y tiempo que al locutor le ha provocado el acto de escritura. Por su parte, el testimonio como discursividad -y en su significación denotativa- es cuando el locutor apela al tópico de lo visto y lo vivido. En este sentido, el yo escriturario da fe de que lo que argumenta está sustentado en una experiencia propia. Es un testigo y protagonista de los hechos narrados. La memoria y el testimonio son los pivotes en que se construye la obra de Marjorie Mardones Leiva.
La autora es una de las sobrevivientes del megaincendio de 2024. Marjorie vivía -y vive- en un espacio que se denomina Canal Chacao. En el texto cuenta el porqué de este nombre, una población que se “originó en la década de 1970 a través de subsidios habitacionales, destinados inicialmente a marinos uniformados y suboficiales que encontraron en la Armada de Chile una oportunidad para desarrollarse, prosperar y salir adelante”. La población Canal Chacao fue el espacio que la cobijó desde pequeña junto a su familia. El testimonio de Marjorie Mardones del día mismo del incendio y los posteriores hasta el presente del enunciado -es decir, el momento en que escribe y cierra el relato- es realmente conmovedor. Lo visto y lo vivido en el instante del megaincendio es verdaderamente dantesco. Este término proviene de la obra del autor de la Divina comedia, Dante Alighieri, y sirve para significar escenas o situaciones que producen espanto y horror, aludiendo a las imágenes líricas de la obra, especialmente por el paso del poeta por el Infierno. La descripción del voraz incendio que realiza la locutora del testimonio, efectivamente, lleva al lector a sumergirse en un espacio infernal donde la posibilidad de la sobrevivencia era prácticamente nula. Lo interesante del testimonio memorístico de Marjorie Mardones está, además, en el hecho de que va convocando a otras voces sobrevivientes del incendio de Quilpué que van ampliando y complementando la trágica experiencia de aquel día fatal. De este modo, la obra de la autora se transforma también en un discurso histórico que aglutina voces para la reconstitución de lo visto y lo vivido. La tragedia se convierte, entonces, en la escritura en una forma o manera de sobrellevar el desastre y afrontar el presente y el futuro. La escritura memorialista y testimonial como una forma de catarsis o purificación donde la resiliencia y la fuerza colectiva apuntan a un renacer. Post tenebras, lux. Marjorie con su escritura despliega ante el receptor que frente al dolor y a la angustia siempre hay un camino donde la esperanza, la reconstrucción y la solidaridad afloran en quienes se conduelen. Aflora, en consecuencia, en la escritura de que volver a renacer en el tiempo que resta es una motivación para seguir adelante, duc in altum, remar mar adentro, a pesar de las borrascas y tormentas de la vida. Renacer como el ave Fénix en el domo a que hace mención en varias oportunidades. Por las ironías de la existencia, Marjorie Mardones es especialista en los bibliocaustos, es decir, en la quema de libros a través del tiempo como negación de la historia, y vio arder su biblioteca cuando retornó a lo que quedaba de su hogar: “Al incendiarse mi biblioteca, supe que debía escribir al respecto, contando qué se siente al perder los libros, entendiendo cuánto tiempo se tarda en formar una colección”. En esta afirmación de la autora está el sentido de esta obra que recupera unas experiencias de vida compartidas en medio de una tragedia de proporciones que hasta el día de hoy está allí. Como obra testimonial y memorial, y como documentalista por su formación como bibliotecóloga, Marjorie en el domo instauró un Cuaderno de visitas para que quienes la fueran a ayudar y a sobrellevar el momento crucial en que vivía, dejaran también por escrito su testimonio y palabras de esperanza que están al final de la obra: “esas palabras fueron muchas veces el aliento que me dio abrigo y cariño necesarios para continuar”.
La portada como paratexto es muy connotativa. En el primer plano hay un avión a escala completamente chamuscado por el fuego del megaincendio sostenido por una mano en medio de las ruinas de una casa. En la obra explica Marjorie el porqué de ese avión. Metafóricamente, para mí, es una imagen de lo que dije más arriba aludiendo al ave Fénix. Siempre habrá un renacer. El tiempo que nos queda es el título de este texto memorial y testimonial. Efectivamente, es así. ¡Todo tiempo es un desafío donde resuena el Sursum cordam! La lectura de esta obra de Marjorie Mardones Leiva hace mucho bien para que entendamos cuán frágiles somos, pero cuanto coraje se tiene ante las adversidades.
(Marjorie Mardones Leiva. El tiempo que nos queda. Memorias del megaincendio Quilpué 2024. Santiago. Endara Editorial. 2025. 114 pág.)
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