La palabra que identifica esta antología de la escritora Patricia Rivas Morales (1975) es de origen náhuatl y significa traducir, cambiar, regresar, voltear. Es un vocablo que probablemente no es muy atractivo para una antología de microrrelatos, pero en el trascurso de la obra tendrá una explicación. En la página 75 está el relato mínimo que da cuenta de una tradición legendaria azteca donde los colibríes tienen mucho que ver.

Nunca está de más recordar que, si el cuento puede ser definido como un artefacto verbal breve, y la brevedad en este caso cae dentro de la subjetividad de cómo la entendemos, el microrrelato, por su parte, ahonda, profundiza en dicha cualidad. La brevedad exigida en su máxima potencialidad es como una necesidad intrínseca a este formato escriturario. Si el cuento -el hermano mayor- sorprende por knockout, como decía el cronopio mayor, que no es otro que Julio Cortázar- con mayor razón debe hacerlo el relato hiperbreve. Patricia Rivas lo sabe y quien haya leído sus textos podrá estar de acuerdo con el aserto. Esta antología de la escritora minificcionalista contempla cinco textos que sintetizo es sus tematizaciones estructurantes.

El primer texto seleccionado es Hija bastarda (2009). Un título provocador al lector /a complaciente. La actitud de quien narra es desacralizadora al momento de tematizar acontecimientos, motivos o personajes. La mirada femenina y feminista a la realidad contingente no está ausente. La deconstrucción de lo instituido patriarcalmente también se evidencia, así como los metarrelatos de la historia. La voz narrativa que se trasunta en los microrrelatos es de carácter denunciativa, transgresora e irreverente dentro de los márgenes de la narratividad. Varios textos aluden a la violencia de género, que también resulta un eje configurador de los microrrelatos en otros textos antologados, lo que marca una distinción aguda en la escritura de Patricia Rivas. Un relato escogido al azar: “Quiso terminar con todo. Regresó a la casa del marido maltratador”.

Seguidamente el lector/a se enfrenta a Transacciones (2019) donde se profundiza en los caracteres escriturarios de la autora. Lo primero que llama la atención es el título, pues se trata de un término cuyo campo semántico proviene de los acuerdos comerciales entre dos partes, aunque también alude al verbo transigir, es decir, admitir o aceptar las ideas de otro con el finde llegar a un convenio, o bien, soportar, admitir o permitir alguna situación que no nos gusta o que va en contra de los propios principios. El receptor del texto sabrá discernir mediante la lectura la razón del título del volumen que está divido en cuatro apartados: Memoria, Artificiales, Igualdad, Antiquus. El carácter polimormo del relato ultracorto encuentra en este libro de Patricia Rivas una muestra de por sí de manera evidenciable. Los textos de la primera sección aluden a un espacio memorístico de una época oscura en el devenir de nuestra historia; son los espacios del Golpe militar y todo lo que este trajo consigo. De cierto modo, resultan ser relatos mínimos testimoniales: “Llega la hora del toque de queda, no obstante, un niño desea seguir jugando. Llama al ángel de la guarda, pero sólo ve en el cielo helicópteros encandilando una próxima víctima. Persiste en la plegaria sin visualizar la divina presencia. Continúa escondida”. La siguiente sección nos abre al mundo artificial, pero donde el ser humano sigue siendo el mismo con todas sus falencias transgresoras. Resulta interesante la reescritura del mundo antiguo de la última sección donde queda demostrada la agudeza narrativa de la autora para deconstruir lo mítico.

Sustituibles (2021) es un texto donde el eje estructurante es el tiempo pandémico. Una época de incertidumbre donde el virus se extendió como la peste negra medieval. La escritura de Patricia Rivas captura momentos existenciales del devenir de un momento donde todo era incierto. Probablemente, la escritura minificcional fue para la escritora una panacea o elixir de las musas para sobrellevar tiempos aciagos en los encierros de las cuarentenas. El título es acertado; es como si dijéramos, no somos nada (“Le tomó la vida entera averiguar que jamás le contestarían”).

De 2023 es Pájaros de luz. La contraparte del anterior texto. Post tenebras, lux. Después de las tinieblas, la luz. Es la escritura liberadora luego de haber pasado por el túnel pandémico. La autora recupera motivos que se habían desplegado en los primeros textos cuando no se avizoraba la llegada del covid. Esta selección de textos es un aliciente, pues nos lleva a la recuperación de lo ancestral, de las civilizaciones antiguas, de la sabiduría inscrita en leyendas y mitos de la historia de la humanidad que son reescritos –palimpsestos– mediante una retórica paródica y sorprendente por Patricia Rivas. Pájaros de luz es una hermosa frase que nos lleva a visualizar lo mejor del ser humano. La luz siempre tiene una connotación positiva. Los pájaros en su infinita variedad alegran el espacio con su vuelo y con su actitud canora resultan ser una parábola de la escritura de la autora: “Con el veloz y tenaz zumbido de las alas, los picaflores avisaban a Quetzalcóatl de que nosotros su pueblo amado permanecíamos bien”.

En definitiva, la lectura de esta antología personal de Patricia Rivas Morales llevará a quienes se sumerjan en sus páginas a un verdadero descubrimiento de una autora que maneja con soltura la retórica del relato ultracorto en la literatura chilena reciente.

Por admin

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