La lectura de este libro del poeta chileno Galvarino Santibáñez (Mejillones, 1959), realmente, ha sido una sorpresa escrituraria. El texto llegó a mis manos gracias a la benevolencia del amigo escritor -narrador y poeta lírico- Sergio Infante Reñasco, quien en una dedicatoria dice “te mando este libro de un gran poeta chileno que vive en Suecia. Sé que lo sabrás apreciar”. Efectivamente, ha sido así como lo manifiesta Sergio. Hemos descubierto a un poeta notable al concluir la lectura de su obra Rendición de cuentas. En realidad, lo he leído dos veces para poder apreciar mejor en el acto de lectura la solvencia poética de este autor que estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad del Norte de Antofagasta. En la portadilla se comunica que reside en Suecia desde 1982. Este detalle es significativo para comprender la poética de Galvarino Santibáñez. La poética es el modo como el creador aprehende la realidad y la expresa mediante el lenguaje lírico. En este sentido, la manera de articulación del lenguaje del poeta Santibáñez no podrá de dejar indiferente al receptor. Una de las cualidades, efectivamente, de la textualidad está asentada en las modulaciones discursivas en que se encapsulan los tres estamentos de que está estructurado el libro. La prologuista califica que estamos en presencia de una obra sinfónica; por nuestra parte, la calificaría de polifónica. En otras palabras, múltiples voces que en el caso de la escritura literaria suenan o se manifiestan lingüísticamente al mismo tiempo con una igual importancia. Las tres instancias, a su vez, ofrecen una tríada donde confluyen distintos compases que llevan desde una obertura hasta una conclusio, pasando por un segmento aglutinador en consonancia con los otros dos. La voz del sujeto lírico tiende a la trasmutación del habla poética lo que es interesante en la configuración de la discursividad.

Quitemos la corteza, al meollo entremos” -Gonzalo de Berceo, dixit, quien es convocado en el decir poético por Galvarino Santibáñez. El maestro del mester de la clerecía poética medieval enuncia esta frase cuando en la introducción a su obra Milagros de Nuestra Señora describe el tópico del locus amoenus, tal como la tradición clásica en la retórica lo presentaba, y luego empieza la interpretación textual sobre la base de las concepciones propias de la época en que vivió. Es decir, la cosmovisión trascendental de la historia. Exégesis y hermenéutica aunadas. Cabe preguntarse, entonces, qué es lo que significa la textualidad poética contenida en la obra del poeta chileno viviendo en Suecia desde al año indicado en la solapilla. Qué significará el título Rendición de cuentas, una frase casi coloquial y pedestre que apunta a una especie de catastro o mostrar un balance ante otros de parte de una persona, o bien dar cuentas ante un tribunal de los actos. Un título enigmático que se revelará en el transcurso de la lectura. Por otra parte, la tapa y la contratapa -que en cierto modo son el envoltorio de una obra- son negras. Esta tonalidad -por así denominarla- generalmente alude a la ausencia de la luz. La oscuridad es la negación de la luz. El nombre la obra destaca en ese trasfondo, al igual que el del autor -en color azul, cuya connotación es altamente positiva; el negro, por el contrario, nos lleva al dolor, al duelo, y a la muerte. En las primeras páginas nos encontramos con una foto del poeta esbozando una tenue sonrisa y unos ojos vivaces que encierran cierta nostalgia -palabra que nos lleva a la pérdida de un tiempo o lugar y que implica una tristeza melancólica que, a su vez, conduce a los recuerdos.

La textualidad de la obra de Galvarino Santibáñez está configurada como una tríada. El número tres, a su vez, tiene connotaciones simbólicas desde tiempos inmemoriales. Como receptores no sabemos si este poemario fue concebido del modo en que lo leemos, o bien las tres instancias se aglutinaron para su emergencia. Las modulaciones líricas con que se encuentra el sujeto lector o lectora, nos introducen a una poética que problematizan diversos aspectos de la realidad y del imaginario del autor. Las lecturas propias están a la vista no sólo en los epígrafes sino en las intertextualidades que se despliegan en los tres segmentos, que un lector cortazariano podría leer como le plazca siguiendo el juego de Rayuela, es decir, entrando por cualquiera de los que componen la triada, pero el sentido hermenéutico nos indica que el sendero propuesto es el valedero. El receptor primero debe saber qué es lo que nos lleva a la rendición de cuentas. La propuesta poética de Galvarino no es de fácil lectura. Es una poética compleja donde confluyen diversas retóricas de distintos tiempos con los que el poeta ha dialogado y que ahora le sirven para el constructo poético. En realidad, lo que se despliega ante quien lee es la intrahistoria del sujeto hablante -la trasposición lingüística del sujeto histórico viviendo en el país nórdico-. Galvarino Santibáñez es un poeta barroco o del neobarroco. Las instancias poéticas más complejas son precisamente aquellas que lo asocian a esta perspectiva estética donde el sistema, norma y habla de la lengua -como explicó Coseriu hace décadas- son puestos en jaque. El sentido extrañador del lenguaje con imágenes retóricas sorprendentes nos lo muestran como un Quevedo posmoderno. Del mismo modo, la retórica de las jarchas y juglaresca medieval, y las resonancias poéticas del Arcipreste de Hita colocadas en acto en el siglo XXI son también un acierto, así como la poética rabelesiana, lo que nos conecta con una visión carnavalesca de la vida y de la historia -Mijail Bajtin de por medio- lo que nos va planteando que también esta obra tiene un aspecto lúdico sobresaliente donde la ironía, el sarcasmo, la risa son componentes de la tríada, además de la nostalgia, el amor y la muerte. La textualidad no sólo nos presenta el lenguaje versal, sino también la prosa que puede ser lírica, pero incluso como mera prosa tipo ensayo strictu sensus o una irrisión de este tipo discursivo con otros semejantes, como los últimos que encontramos en el libro donde la actitud carnavalesca se hace presente en una apócrifa conferencia o un artículo sobre José Donoso como traductor de un texto de Henry James estilo borgeano.

La apertura de la tríada se denomina Hoja debida. Sin duda que el sujeto hablante está planteando al lector una actitud lúdica con esta denominación. Es distinto leer la frase que pronunciarla debidamente -valga la redundancia. Este primer segmento apunta sobresalientemente a la deuda del poeta con la lírica castellana. De allí la recuperación gozosa del formato de las jarchas hispano medievales que fueron las primeras formas poéticas del incipiente idioma castellano. En este sentido, el poeta Galvarino logra escribir las mejores jarchas del siglo en que nos movemos y existimos guardando el espíritu de aquellas de los inicios de la lengua castiza: “¡Vámonos de aquí, / galana, / al alba! // ¡No, amigo, / no sin gozo ni canto / ni vino!”. Viviendo en Suecia esta deuda debida -o de vida- alude a la lengua madre hispánica.

El segundo segmento de la tríada se llama Otredades. La palabra alude no sólo a su condición de un poeta de la diáspora en el país sueco, sino también a su tierra natal. En otras palabras, doblemente es otro en ambas latitudes. En esta parte se encuentran una serie de poemas donde Galvarino Santibáñez va dando rienda suelta al estar en el mundo otro, añorando el otro. De forma sobresaliente los poemas convocantes de poetas líricos y escritores contemporáneos da a esta sección un deslumbramiento especial. Notable es aquel largo poema donde el evocado es Nicanor Parra, el antipoeta, por lo bien logrado del uso de la lengua parriana para llamarlo al presente escriturario y el sarcasmo y la ironía para referirse a un crítico literario sin nombrarlo, pero que es fácilmente identificable: “El Antipoeta deja eso sí / un solo exégeta en todo el país / que cree saberlo todo / sobre su obra poco gruesa / -es la pura y santa verdad, para qué estamos con cosas- // Un cura que se enamoró de él / perdidamente / y que desde entonces lo acosa / -literariamente se entiende- / escribiendo sobre sus antipoemas”.

El tercer momento de la tríada es Plan de fuga una propuesta existencialista a partir de la otredad donde prevalece el sentido de la disconformidad del estar en el mundo. La diáspora transformada en una situación donde el sujeto hablante adopta muchas veces la autoironía: “Te ves más viejo que nunca / en este espejo recién comprado”. Instancia destacada es el dedicado al motivo literario de la muerte en el nombrado Rondó con un recado a Francisco de Quevedo -recado remite a Gabriela Mistral, siempre el dialogismo en esta poética de Galvarino. La muerte como en las Danzas medievales, además: “A los cuarenta / la muerte nos sorprende con el primer agarrón”.

En definitiva, como lo expresamos al comienzo, la lectura de esta obra poético lírica de Galvarino Santibáñez ha sido un verdadero placer estético al descubrir un poeta chileno de la diáspora realmente destacado por la propuesta escrituraria que propone al receptor de su textualidad.

(Nota bene. Gracias, amigo Sergio Infante Reñasco, por permitirnos caminar por los senderos de Galvarino).

Por admin

Deje su comentario en su plataforma preferida

Centro de preferencias de privacidad

Necessary

Advertising

Analytics

Other