Texto e imagen, por Eddie Morales Piña. Crítico literario.

La lectura de esta novela del escritor chileno Cristian Vila Riquelme (Villa Alemana, 1955) no me cabe la menor duda que lo posiciona como un autor significativo en la literatura de nuestro país en la historia reciente. El título del relato tiene una resonancia estética que despierta el interés del potencial lector. Fue lo que nos ocurrió con el ingreso a una trama subyugante y atrapante, tal vez porque el modo narrativo que adopta nos fue frecuente con los textos generados a partir del denominado descubrimiento y conquista del Novus mundus, esto es, la escritura colonial. Cristián Vila no nos era un nombre desconocido, pues habíamos leído un relevante relato -una novela- publicada en 1999 con el título de Crónica del niño lobo. Si en aquella oportunidad ocupó el término crónica, en esta novela de 2025 al interior del texto la denomina Relación. Los dos términos nos remiten a los formatos escriturarios con que el Novus mundus se fue materializando a través de la redacción de textos que le daban consistencia mediante la lengua del imperio español, el castellano del siglo XVI.

La reciente novela de Cristian Vila está dentro de los márgenes de la nueva novela histórica. No se trata de una novela histórica en sentido estricto. Aquella es una modulación discursiva que entra en diálogo con el devenir espacio temporal histórico, pero provoca unas fisuras escriturarias que dejan al descubierto que estamos como lectores frente a una nueva manera de mirar el pasado. En este caso se trata de un personaje del siglo XVI, un español, llamado Pedro Sarmiento de Gamboa, no sólo un marino y cosmógrafo, sino también con otras características que el relato nos lo muestra, entre ellas como conquistador del finis terrae, pues el rey Felipe II lo nombra gobernador y capitán general de las Tierras del Estrecho de Magallanes a finales de 1580. En cuanto nueva novela histórica, el texto de Cristian Vila se inserta provechosamente en una larga lista o progenie de relatos que emergen en la literatura hispanoamericana y chilena en una relectura de la historia -llenando los vacíos de la Historia- que han dado una fisonomía distinta a los episodios, motivos, personajes del pasado. En este caso, la novela se focaliza en el mencionado navegante del siglo XVI. El acierto del autor de esta novela es la perspectiva narrativa con que despliega el relato y otras significativas conexiones intertextuales que permiten confirmar que estamos ante una novela revisionista del pasado histórico y del personaje Sarmiento de Gamboa que se constituye en el actante principal. La voz narrativa es la suya, pero con intromisiones de otra voz que complementa y se inmiscuye como un voyerista en la discursividad. La relectura del personaje es una resonancia significativa de esta novela.

La programación del relato llevada a cabo por Cristian Vila adopta el formato de las escrituras coloniales. La problematización discursiva está precisamente en la figura del narrador. Como bien sabemos, el enunciante -el relator, el narrador- es la trasmutación lingüística del autor real. Quien narra es un sujeto distinto al creador -Vila, en este caso-. En la discursividad el narrador es Sarmiento de Gamboa, pero hay otra voz que se entremete en el relato. Una voz en tercera persona que incluso apostrofa al narrador principal. Esta perspectiva lúdica es muy interesante para un relato del siglo XXI; sin embargo, ya estaba como retórica en la literatura hispanoamericana. Este rasgo hace que la novela sea un texto posmoderno donde se entrelazan una diversidad de lecturas, de tiempos y espacios divergentes, pero que apuntan a un mismo sentido. Las páginas casi finales de la novela serán una muestra de lo que queremos decir donde confluyen como en un Aleph -Borges, de por medio- todas las historias de los irredentos de este mundo. Estos momentos discursivos son una plasmación estética realmente notables.

La novela de Cristian Vila Riquelme estructuralmente se plantea como una Relación. Este formato discursivo fue uno de los utilizados por los escribidores de los siglos del descubrimiento y conquista de lo que será la América mágica. Como dijo un escritor contemporáneo, la literatura hispanoamericana encuentra sus fundamentos en estos soldados escribientes. La Relación es una discursividad que da cuenta pormenorizadamente de los avatares -tiempos de triunfos y de desdichas- de quienes se adentraban en los territorios del Novus mundus para incorporarlos al imperio -es lo que hará Sarmiento de Gamboa-. Siempre la relación está encabezada en sus diversos capítulos por un párrafo que sintetiza de lo que se tratará en el despliegue del relato. Es un paratexto que fue habitual en las novelas de caballería -en el medioevo- y en las novelas picarescas del período renacentista y barroco hispánicos. La novela de Cristian Vila dialoga certeramente con esta retórica. De este modo, la novela nos presenta la historia del irredento desde el principio de su presencia en este mundo (con un monje formador, Fray Abraham -que de fraile no tiene nada- pasando por varias veces por el Santo Oficio, las guerras de Flandes, amores y amoríos, navegaciones y desastres) hasta el final donde se pierde en la historia. El irredento es el protagonista de una trama realmente prodigiosa -desde la perspectiva de la nueva novela histórica- donde lo real se mezcla con la irrealidad y viceversa. Este doblete argumentativo dentro de la ficción tal vez desconcierte al receptor, pero esta perspectiva narrativa tiene un propósito que se nos revela al finalizar el relato. La novela adopta varias veces un sentido surrealista donde el mundo onírico tiene una consistencia real. Este juego entre la realidad factible y otra realidad en medio de los mares australes le dan una connotación de lo real maravilloso carpenteriano o de realismo mágico garcimarquiano. La novela de Vila tematiza el relato en torno a los viajes de Sarmiento de Gamboa hacia el Estrecho de Magallanes entre 1579 y 1580, estrecho descubierto por el portugués Fernando de Magallanes años antes. El irredento tenía resuelto realizar asentamientos en finis terrae, con el fin de que quienes estuviesen en ellos defendieran los intereses de la corona frente a los corsarios y piratas que desafiaban el mar embravecido, a los hielos y a los patagones. Dentro de la órbita narrativa del autor la nao de Sarmiento de Gamboa es una suerte de nave de los locos -en un ensayo de Carlos Fuentes a propósito de esta frase se refería a quienes venían al continente de ultramar (después de atravesar el charco o la mar océana) inmiscuidos entre los navegantes, Maquiavelo, Moro y Erasmo-. En la stultifera navis de Sarmiento de Gamboa están embarcados, entre otros, un científico apellidado Darwin, a quien la tripulación apodaba el Simio, junto a otros protagonistas desta historia secreta. La parodia y lo carnavalesco -Bajtin, Mijael, de por medio- presentes de forma sobresaliente en la obra de Vila. El lenguaje que adopta la novela nos introduce en la atmósfera del tiempo y espacio que narra, pues se adecua generalmente a la lengua castellana de aquellos siglos de ilustres hazañas y codicia insaciable. Sarmiento de Gamboa es el irredento en su bergantín – una nao, una embarcación de vela de dos mástiles- convertida en una nave esperpéntica que cruza los mares donde el mundo se acaba. El irredento está cualificado como un personaje condenado a ser lo que es: un sujeto obstinado en sus ideas, además, un hereje compulsivo gracias al monje -todo esto en la ficción narrativa-perseguido por los hielos eternos y un témpano de Kanasaka.

En definitiva, la novela de Cristián Vila Riquelme, sin duda, que es un relato imprescindible, donde queda demostrada la solvencia narrativa del autor. Una obra compleja en su estructura, pero de una riqueza estética insoslayable.

Por admin

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