La historia bien podría servir como una alegoría del papel despilfarrador de Estados Unidos y el camino del planeta hacia una catástrofe climática que empeora día a día. En términos históricos, Estados Unidos sigue siendo el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo.

(Columna de Amy Goodman y Denis Moynihan. Imagen referencial 24Horas en Twitter)

Esta semana, el huracán Dorian devastó algunas áreas de las Bahamas, arrasando gran parte de las islas de Gran Bahama y Abacos. El lunes, el primer ministro bahameño Hubert Minnis declaró: “Estamos en medio de una tragedia histórica”. Se han registrado 20 muertes, pero se espera que esta cifra aumente a medida que vayan conociéndose los informes de los equipos de rescate y los sobrevivientes. Según un informe no confirmado, se halló a una familia entera fallecida, acurrucada, con todos sus integrantes abrazados entre sí ante la muerte. El huracán Dorian, como los huracanes María, Irma, Florence y Harvey, significa un punto de referencia letal de la irrefutable verdad de que el cambio climático inducido por la humanidad es real y está causando estragos en nuestro planeta.

“Dorian” es un buen apodo para este huracán. El nombre en sí fue acuñado por el escritor irlandés Oscar Wilde en su polémica novela de 1891, “El retrato de Dorian Gray”. En la historia, Dorian Gray, un apuesto joven, esconde en una habitación cerrada un retrato de sí mismo. Dorian desea seguir un estilo de vida derrochador y hedonista sin perder su buen aspecto por el deterioro causado por esos excesos.

En su novela, Oscar Wilde escribió: “Había expresado un deseo insensato: que el retrato envejeciera y que él se conservara joven; que la perfección de sus rasgos permaneciera intacta y que el rostro del lienzo cargara con el peso de sus pasiones y de sus pecados”. Dorian Gray llevaba una vida imprudente y excesiva pero se mantenía joven y vigoroso, mientras que el retrato oculto envejecía horriblemente.

La historia bien podría servir como una alegoría del papel despilfarrador de Estados Unidos y el camino del planeta hacia una catástrofe climática que empeora día a día. En términos históricos, Estados Unidos sigue siendo el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. También es el país más rico de la historia, pero a costa de más de 150 años de contaminación industrial sin cuartel, durante los que usó la atmósfera del mundo como una alcantarilla abierta para desagotar el humo de sus chimeneas y caños de escape.

Ahora, el presidente Donald Trump niega que exista un problema y apunta a China e India, las economías en desarrollo más contaminantes de la actualidad. Mientras que China, con sus 1.400 millones de habitantes, es actualmente el mayor emisor de gases de efecto invernadero, Estados Unidos lo sigue de cerca en un segundo puesto, con todos los demás países muy por detrás. Además, las emisiones per cápita estadounidenses aún se encuentran entre las más altas; esto significa, en promedio, un estilo de vida insustentable y con alto consumo de carbono.

Mientras tanto, en la primera línea del desastre climático, comunidades enteras son devastadas o directamente destruidas. Bangladesh está viviendo las peores inundaciones en un siglo. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja informa que 7,6 millones de personas corren riesgo de sufrir hambre y enfermedades. Una ola de calor mortal se extendió por Europa este verano; rompió récords de temperatura y provocó incendios forestales. Las capas de hielo en la Antártida se están derritiendo a un ritmo mucho mayor del que se conocía anteriormente, lo que lleva a una estimación de que, como consecuencia, el aumento del nivel del mar podría desplazar a 2.000 millones de personas para el año 2100.

En medio del huracán Dorian, Denis McClean, portavoz de la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres, se dirigió a la prensa: “Este es el cuarto año consecutivo en que hemos presenciado una temporada de huracanes en el Atlántico extremadamente devastadora, con huracanes de categoría 5, como Dorian. La secuencia no puede separarse del hecho de que estos últimos cinco años han sido los más calurosos que constan en registros debido al aumento continuo de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. El huracán Dorian cristaliza la amenaza existencial que acecha a los pequeños estados insulares en desarrollo por la emergencia climática en curso”.

La población actual de las Bahamas es aproximadamente 90% afrobahameña. La historia del país está entretejida con el colonialismo y la liberación. El primer desembarco de Cristóbal Colón, en 1492, fue en las Bahamas, donde inició un genocidio contra los habitantes indígenas. Después de que Gran Bretaña eliminara la trata de esclavos en 1807, muchos de los que escaparon de la esclavitud en Estados Unidos, así como los indígenas seminolas que huían del Ejército estadounidense en Florida, hallaron refugio en las Bahamas.

El doctor Christian Campbell, poeta, académico y ensayista bahameño nacido en Gran Bahama, declaró el martes a “Democracy Now!”: “Las Bahamas, como el resto del Caribe, es un país extremadamente vulnerable por el legado aún vigente del colonialismo, el legado de la esclavitud y la servidumbre por contrato, que se manifiesta también en la explotación global sistémica y la corrupción local”.

Las tareas de rescate en las Bahamas se ven severamente obstaculizadas por el nivel de destrucción. Las ensenadas están intransitables, los muelles dañados y los aeropuertos bajo el agua o simplemente destruidos. La Guardia Costera estadounidense está brindando ayuda, pero Estados Unidos, siendo el mayor emisor de gases de efecto invernadero de la historia, tiene un papel mucho más importante que desempeñar.

En la novela de Oscar Wilde, Dorian Gray finalmente se ve consumido por sus excesos y muere en el suelo frente a su retrato. Los sobrevivientes bahameños del huracán Dorian lograrán sobreponerse a la situación y forjarán un camino hacia adelante. Pero no queda mucho tiempo para que Estados Unidos cambie sus hábitos y asuma el lugar que le corresponde en el esfuerzo global para evitar una catástrofe climática irreversible.


© 2019 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

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