El nombre de Jaime Quezada es conocido en el ámbito de la literatura, pues es un destacado poeta chileno nacido en Los Ángeles en 1942. Generacionalmente, se le ubica dentro de la denominada generación lírica de 1960 donde comparte su pertenencia junto a otros poetas inolvidables. Pero, además, Jaime Quezada es un sobresaliente escritor en prosa, específicamente en la crónica y el ensayo donde destacan su escritura diáfana y transparente, sobriamente documentada y con una argumentación que atrae al receptor de los textos en que también se dejan entrever las propiedades propias del lenguaje lírico.

Libro de cosas varias (2025) tiene un hermoso título donde se antologan una buena cantidad de escritos en prosa del poeta Jaime Quezada. Llama la atención de que el titular del texto tenga como complemento del nombre cosas varias. La palabra cosas alude a asuntos múltiples en el uso corriente. Estas cosas están adjetivadas por el concepto varias que, a su vez, nos remite a una constelación escrituraria donde confluyen diversas motivaciones para ser puestas en acto en el proceso creador en prosa. De esta manera, el texto de Jaime Quezada es una obra que está fundamentada en una variedad de temáticas que el autor ha presentado a lo largo del tiempo. En este sentido, el texto pertenece a la clase de las llamadas antologías. Es decir, la obra del poeta es una recopilación de escritos publicados o dichos -conferencias o lecturas públicas- entre 1980 y 2000. En otras palabras, es un repositorio escriturario en que el receptor encontrará una variada lección escrituraria. Nos parece que en cosas varias hay una especie de guiño -de cierto modo una ligazón poética y emotiva- con un libro del crítico literario y profesor universitario Ricardo Latcham (1903-1965) titulado Antología: crónica de varia lección, publicado póstumamente en 1965 por Alfonso Calderón y Pedro Lastra (en definitiva, probablemente, fueron estos quienes escogieron la denominación). Entre cosas varias y varia lección hay un punto de inflexión. Por otra parte, entre las resonancias que un título puede provocar en el lector, el que está en el texto del poeta Quezada es como borgiano. El libro como un objeto que en su lectura se abre como un laberinto escriturario. El jardín de senderos que se bifurcan. O la obra como un jardín de formas que, en este caso, son las temáticas que se traen al presente de la lectura desde otros formatos donde están encapsulados, o bien del archivo del escritor cuando se trata de la lengua hablada.

La obra en prosa de Jaime Quezada que lleva este titular privilegia -según nuestro parecer-la tipología de la crónica, seguida de artículos, ensayos y aquellos otros provenientes de la voz hablada –lengua hablada, como el poeta lo dice en un liminar-. Respecto de la categoría textual de la crónica, el poeta no le va en zaga a una pléyade de cronistas en la literatura chilena -entre ellos escritores/as- que han privilegiado esta fórmula escrituraria como Joaquín Edwards Bello, Alfonso Calderón o Jorge Edwards por nombrar algunos. La crónica es una escritura referencial que tiene una vieja prosapia en la literatura hispanoamericana. El artículo, por su parte, puede ser de corte más especializado o bien dirigido en su decurso de lectura a un amplio público, mientras que el ensayo adopta una perspectiva académica donde se evidencia la perspectiva intelectual de quien escribe -el pensar y el quehacer-. Por otra parte, los textos emergentes de la lengua hablada responden a los requerimientos de un auditorio que escucha directamente al locutor, es decir, al enunciante de las palabras dichas. El texto de Jaime Quezada es, en consecuencia, una variada lección sobre estas formas en sus escrituras y lenguajes, como también lo comenta el poeta en su nota que sirve de preámbulo a la obra.

La antología está dividida en siete apartados, partes o capítulos señalados por números romanos (I-VII). Este índice es poco amistoso para el potencial lector. En realidad, no indican nada; solamente la conformación o aglutinación de los escritos. Creemos que hubiera sido muy pertinente haber expresado de qué tratan estas siete secciones de las cosas varias con una titulación específica que sí están en el liminar del texto. La parte I, por ejemplo, es decidora en cuanto muestra la relación de Jaime Quezada con la literatura y los libros. El tema de la biblioteca muy relevante, así como las idas a la sección Referencias críticas de la Biblioteca Nacional donde estaban dos personas insoslayables para quienes visitábamos ese espacio con afanes investigativos como Justo Alarcón y Juan Camilo Lorca. En el segundo apartado queda evidenciado la relación de Quezada con la botánica. Esta palabra es muy connotativa, poética, pues nos conecta con la naturaleza. La sección III trata de la poeta Gabriela Mistral. Una sección insoslayable. Los otros momentos escriturarios nos van mostrando la sapiencia del poeta en relación a escritores y diversos tópicos relacionados con la Literatura. En el último escrito está el ¿Quién soy? Este formó parte de una ahora mítica colección que se llamó Quién es quién en las Letras Chilenas que publicaba la Editorial Nascimento. La escritura en prosa de Jaime Quezada en esta antología, como él mismo lo expresa en el liminar, está focalizada en historia, arte, botánica, geografía, viajes, memorias, rostros y rastros, autores, poesía, y, en fin (así sea lo mío mío y en mí). La sección III es muy interesante -vuelvo a insistir- por cuanto da cuenta de la calidad de estudioso de Gabriela Mistral del poeta Quezada como también lo ha sido de Ernesto Cardenal. En otro decir, esta parte es mistraliana por excelencia.

Como lo hemos manifestado la obra es muy relevante para conocer esta faceta escrituraria del autor de Astrolabio o de Huerfanías, entre otros destacados textos poético-líricos suyos. Quien ingrese a las páginas de estas cosas varias no saldrá defraudado, por el contrario, enriquecido.

Por admin

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