De Cuba se publica la pobreza y el hastío —que sin duda existen—, editan las peores oscuridades, pero no llaman a la paz; no llaman a no intervenir, ni ponen el foco de la cámara en el origen de aquello, ni en los esfuerzos por salir de esa realidad. Las preguntas no son las adecuadas y sólo legitiman la destrucción del supuesto “eje del mal”.

Crónica de Soledad Romero Donoso. Periodista y Cientista Política.
Imagen: Agencia Prensa Latina, en Facebook.

El desamor se ha impregnado con tanta fuerza en nuestras vidas, que incluso he escuchado decir desde una mente crítica —pero claramente deformada y equivocada en este punto—, que esa palabra es usada por el conservadurismo y la derecha política, junto a las de propiedad privada y familia.

Después de esto, me apareció el terror, pues, si personas buenas creen que este sustantivo describe el sentido de pareja y de relaciones de la derecha; sumándole además una carga simbólica de palabra siútica, estamos perdidos/as. Con esta aproximación, _entre tanta guerra_ los muertos terminan siendo un intercambio de carne; a los gritos de los niños y niñas se les despoja de lágrimas y se secan; la muerte de los ancianos ya no es muerte, sino consecuencia de los años; y el llanto quebrado de las madres que besan el suelo de sangre derramada de sus hijos e hijas, llega a oídos sordos y se pierde entre los noticiarios de moda y la intrascendencia de algún “rostro” de televisión.

Amor debiéramos clamar en tiempos de cólera, decía la prosa poética de Márquez.

Hoy existen alrededor de 65 conflictos armados activos en el mundo, el número más alto registrado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La guerra entre Rusia y Ucrania lleva más de 94 mil muertos —cientos de jóvenes obligados y reclutados por ley marcial—. El genocidio en Gaza, con decenas de miles de muertos; entre ellos, más de 21 mil niños y niñas sin acceso a medicamentos y hospitales destruidos, mientras observadores de Naciones Unidas relatan cómo esas heridas son infectadas y comidas por larvas. Gaza: el genocidio más sangriento, mortífero, cruel y desalmados del mundo en el año 2025.

Pero nadie escucha el clamor del escritor. He peregrinado de medio en medio de comunicación masiva, por una publicación contra el bloqueo y la intervención en Cuba: ¡que es muerte! pero mi disidencia insolenta a editores y propietarios/as de medios y aparezco silenciada, obligados, sin siquiera darnos cuenta, a que nadie pueda escuchar la voz de los que no quieren más intervenciones en América Latina, ni más niños y niñas asfixiados por potencias nucleares que manejan la geopolítica como faraones “de todas las tierras”, burlándose de los años de Derecho Internacional y la carta de los DD.HH. que adhiere a la soberanía de los países y la defensa legítima y resolución interna de los conflictos que afectan a sus pueblos.

De Cuba se publica la pobreza y el hastío —que sin duda existen—, editan las peores oscuridades, pero no llaman a la paz; no llaman a no intervenir, ni ponen el foco de la cámara en el origen de aquello, ni en los esfuerzos por salir de esa realidad. Las preguntas no son las adecuadas y sólo legitiman la destrucción del supuesto “eje del mal”.

¿Qué amenaza puede significar para la humanidad una pequeña isla de 104.556 km² que representa el 15% del territorio de Chile continental, o casi 7 veces la Región de Valparaíso?

La agnotología es el estudio de la producción social, política y cultural de la ignorancia colectiva. No estudia simplemente la ausencia de conocimiento; analiza cómo actores con poder pueden producir deliberadamente duda y confusión. Durante mucho tiempo, la atención se centró en la epistemología —el estudio de cómo conocemos—, mientras que las preguntas sobre cómo y por qué ciertas cosas permanecen desconocidas, ocultas o falsas han sido considerablemente menos investigadas

Hace unos días, unas personas inteligentes, formadas académicamente y con “oportunidades”, aseguraron con férrea firmeza que Fidel Castro era propietario de grandes riquezas y cuentas bancarias. Fue tanta la convicción, casi profética en sus palabras, que comencé a revisar toda la información disponible en las páginas web del Pentágono, la CIA, agencias de comunicación e inteligencia artificial. Todo ello, en búsqueda de al menos un solo peso en esas cuentas; los imaginaba como monedas inmensas, de oro y casi satánicas, por la descripción y afirmación ensañada recibida. ¡Me asusté y dije no estoy informada! Pero no encontré nada, ni un “puto peso”, como dijo el destacado “lingüista” Nelson Pizarro, máxima autoridad ejecutiva de la empresa estatal chilena Codelco en 2016. Solo encontré notas que señalaban: “Sobre las supuestas cuentas bancarias de Fidel Castro, hay que distinguir entre hechos comprobados, estimaciones periodísticas y acusaciones nunca demostradas”. Forbes tuvo que retractarse de la supuesta fortuna de 900 millones de dólares. No se encontró evidencia de cuentas personales en Suiza u otros centros financieros y, según investigaciones independientes, Castro gozaba de acceso privilegiado a infraestructura pública y viviendas en Cuba.

Me pareció revelador reflexionar acerca de la construcción de consensos y la ignorancia colectiva al preguntar rápidamente a 10 personas si conocían o podían describir el sistema político cubano, al que tajantemente apelaban dictadura. Nadie lo conocía. Pregunté si conocían el nombre del actual presidente de Cuba, nadie lo sabía, solo nombraron a Fidel y Raúl Castro. Pero aseguraron que se trataba de una dictadura comunista de donde se escapaba en balsas hacia la libertad.

Embajador de Cuba en Chile, Óscar Cornelio Silva: «Cuba siempre ha estado dispuesta a dialogar porque no queremos un baño de sangre para nuestro pueblo, que, como cualquier pueblo, resistirá ante una invasión de ser necesario»

En la búsqueda de respuestas consulté al Embajador de Cuba en Chile, Oscar Cornelio Oliva, quien tiene como misión, claramente, defender a su país y a su gobierno, pero nosotros tenemos la opción de comparar y corroborar la información entregada.

“A Estados Unidos no le agrada el tipo de gobierno que tenemos” —señaló—, “… y ha llevado el bloqueo económico a tal nivel, que lo ha unido a una amenaza constante de agresión militar, (…) y hoy dice abiertamente que, si no cambiamos el sistema político, nos van a invadir militarmente, (…) y cada hora que pasa se hace más latente una agresión militar de Estados Unidos, (…) y el mismo Estados Unidos nos dice que, si no se rompe el gobierno por el bloqueo, se hará militarmente (…)”

Parece, a lo menos, curioso que las personas de a pie, sin conocer el sistema político cubano y ante las feroces amenazas de una potencia contra un país de 10,9 millones de ciudadanos, no se hagan las preguntas básicas sobre por qué un país poderoso debe bloquear, invadir, cambiar gobiernos y matar extraterritorialmente. ¿Qué representaciones simbólicas tenemos tan arraigadas contra Cuba, algo o alguien, para que la muerte y la sangre resulten ser salidas incuestionables y legítimas?

El embajador agrega que “Cuba no tiene en su territorio, ni personal, ni instalaciones militares, más que la base naval de Guantánamo, impuesta contra la voluntad del pueblo cubano, (…) tampoco tenemos dinero, ni interés, en financiar grupos revolucionarios, ni a Hamas (…) en un año, el bloqueo económico ejercido por EE.UU. contra Cuba ha significado una pérdida de 7 mil 556 millones de dólares, con los que hubiésemos continuado desarrollando proyectos para los más vulnerables (…) el 71 por ciento del presupuesto que nos deja el bloqueo lo usamos para la salud, la educación y la seguridad social, asegurando con ello el derecho humano a la vida y la dignidad de las personas, según el Derecho Internacional (…) no constituimos una amenaza, pues en Cuba no existe el crimen organizado ni el narcotráfico, y la D.E.A. conoce la labor que realiza Cuba contra los narcotraficantes. Existe un representante del Servicio de Guardia Costera en la embajada de EE.UU. en La Habana que colabora estrechamente con nuestras autoridades; se intercambia información y, cuando existe alguna lancha sospechosa, las autoridades cubanas actúan de inmediato y dan aviso a la Guardia Costera. Es decir, Cuba es una barrera para el narcotráfico hacia el sur de EE.UU. (…) tenemos tolerancia cero con la droga (…) somos un país seguro (…) si dicen que Cuba es una amenaza por la presencia China, cabe destacar que no tenemos más relaciones con ese país que las que tiene el resto de América Latina y el Caribe (…) no tenemos ni personal ni instalaciones chinas (…) hemos recibido un barco con petróleo de Rusia, lo que permitió continuar con el funcionamiento del país, lo que refleja que tampoco nos estamos cayendo a pedazos (…) en la pandemia más importante de los últimos 50 años, Cuba tuvo que desarrollar una vacuna contra el COVID, porque el bloqueo no permite la llegada de medicamentos (…) en las actuales condiciones, los círculos de ancianos, las casas de maternidad, los policlínicos y otros servicios esenciales que se prestan a la población están en funcionamiento (…) estamos instalando energía solar para asegurar el suministro a la población electrodependiente y a los hospitales (…) tenemos una posición geográfica que hemos ofrecido para la inversión; es falso que las empresas no puedan llegar a Cuba. Lo cierto es que EE.UU. sanciona a las empresas que pretendan trabajar con nosotros (…) Cuba siempre ha estado dispuesta a dialogar porque no queremos un baño de sangre para nuestro pueblo, que, como cualquier pueblo, resistirá ante una invasión de ser necesario (…) siempre hemos estado dispuestos a negociar; esa historia está documentada en documentos desclasificados, pueden buscar la información (…) tenemos un acuerdo migratorio firmado con la administración Obama que sigue funcionando con la administración Trump (…) de Cuba se puede salir y entrar regularmente, y los balseros lo hacen por mar porque es en EE.UU. donde no les dan visa y, por ello, migran de manera irregular, provocando la imagen de que los cubanos deben arrancar de Cuba de esa forma tan inhumana, huyendo del comunismo (…) a EE.UU. ha llegado un gran flujo migratorio a través de otros países, pero desde Cuba se puede salir legalmente hacia cualquier país del mundo (…) hemos realizado 18 vuelos de retorno de migrantes cubanos que EE.UU. no acepta, y aquí se les ayuda con la reinserción (…)los presos políticos que dicen tenemos, son personas que en las protestas, cansados/as por el bloqueo y la carencia, han cometido desmanes injustificados contra hospitales, instalaciones públicas de bien común; en Cuba la ley es severa y como en todo país, el Estado y el gobierno velan por la seguridad de la infraestructura y la vida de las personas (…)otros están encarcelados por sedición o por recibir financiamiento extranjero para desestabilizar el país (…) tenemos una ética revolucionaria y aunque las cáceles son rudas, se respeta la integridad de los presos siendo absolutamente prohibida y castigada la tortura o cualquier trato vejatorio contra un prisionero/a (…) el ejercito recibe beneficios y ciertamente se les puede vender más barato que al resto de la población, porque son hombres y mujeres que están 24 /7 en servicio. Eso ocurre con la mayor parte de los ejércitos del mundo (…) nuestras autoridades electas no reciben sueldo millonarios como en el resto de muchos países; nuestros representante reciben el sueldo de su trabajo original, no por ser representantes del pueblo (…) no se les debe pagar para que no se corrompan, tenemos un estándar ético y una ley que no permite la corrupción (…) a lo que muchos países llaman Estado de Bienestar Social, Buen Vivir, Estado Providencia y otras denominaciones, nosotros, los cubanos/as le llamamos: Revolución.”

Que el amor vuelva a la vida. Que la cólera ceda su lugar a la humanidad. Que ningún niño o niña cubana siga expuesto a la muerte lenta impuesta por intereses geopolíticos.

No más pueblos de rodillas ante el lado oscuro de la fuerza y la dominación. No somos personajes de una película hollywoodense; somos seres humanos de carne, memoria y esperanza. Somos sangre caliente, historia viva y voluntad de futuro.

Somos una cordillera que cae al mar para recordarle al mundo que la soberanía no se concede: se construye, se defiende y se ejerce en el derecho irrenunciable de cada pueblo a decidir su propio destino.

Un destino que los latinoamericanos y latinoamericanas forjamos con canciones, poesía, surrealismo y música, enclavados en el centro de la palabra amor.

Dejen cantar el coro de niños y niñas del mundo, y también el de esa hermosa isla.

Por admin

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