En la contraportada de este libro los editores del texto la definen como una novela conceptual, agregando que se trata de “un arduo ejercicio de la mente humana”. Generalmente, ponemos el título de la obra en comento; en este caso hemos optado por la calificación con que los editores catalogan el texto del escritor Gregorio Angelcos, hijo de un inmigrante griego, según lo informa una portadilla. El título es hiperbólico -pantagruélico- como aquellos cuentos de García Márquez. La novela se denomina La vida es un pasadizo luminoso donde el hombre es una idea. Se trata, sin duda, de un titular inesperado y poco atrayente para una novela, pero esto tiene un sentido escriturario que el lector descubrirá a medida que avance en el despliegue de la historia o de la trama -si es que podemos nombrarla así. –

Como es bien sabido, la novela es uno de los formatos que adopta el género narrativo -el que a su vez proviene de la épica clásica griega, homérica, podríamos decir-. La novela es una de las modulaciones discursivas que tiene preclaros representantes en la literatura universal. Con el devenir del tiempo, este tipo de texto literario -ficcional- fue dando especies peculiares, como la novela existencial o la novela policial, por dar dos ejemplos. En el caso de Angelcos, según los editores, estamos frente a una novela conceptual. Creo que tienen razón, porque lo que prevalece en la narración es una argumentación discursiva que se despliega por la reflexión de las ideas inmersas en el plano de la composición narrativa, es decir, en la ficción. En consecuencia, el receptor tendrá que sumergirse en un enunciado donde las cosas y los personajes se ponen en acto mediante la conjugación de la razón del concepto con la locura de la imaginación. Interesante esta propuesta discursiva narrativa. Lo que hemos puesto en cursivas lo tomamos de la contraportada. La imaginación como locura siempre ha estado en el despliegue de la novela como formato a lo largo del tiempo. La locura como la del ingenioso manchego que imaginaba y creaba espacios congruentes con lo que había leído, que no eran otras cosas que múltiples locuras de caballeros andantes. La novela de Angelcos muestra al lector una aproximación contemporánea a un imaginario más allá de la razón.

La programación discursiva de Gregorio Angelcos está dada en el título de la novela. De por sí se trata de una afirmación conceptual de índole filosófica. La vida como un pasadizo -que no un túnel- luminoso. Este término contrasta con la idea del túnel donde se connota la oscuridad y sólo se vislumbra la luz al final, en la salida, si es que se sale. Y luego el complemento de que el hombre es sólo una idea. Una visión casi nihilista del existencialismo sartreano. La novela de Angelcos -el apellido tendrá que ver con los ángeles, me pregunto- es un relato que requiere del lector estar atento a la trama -vuelvo a insistir, si es que la hay- porque las experiencias narrativas van sumiendo al receptor en diversos planos imaginativos con un enunciado -es decir, lo que el narrador cuenta- que hacen estar al lector real en un estado de deslumbramiento ante la argumentación ficcional que, a su vez, se plantea en el plano de la enunciación donde el narrador reflexiona sobre la vida y el proceso de la creación narrativa. De alguna manera, esta novela de Angelcos se conecta con la narratividad de Juan Emar y otros vanguardistas de la literatura universal. Se trata de una novela compleja. Algún lector real puede que la deje y no siga leyendo, porque no estamos ante un mero relato donde la fábula se desenvuelve sin mayores dificultades interpretativas o comprensivas.

La novela de Angelcos, en definitiva, es un entramado discursivo donde el lector ideal -este está situado en el plano deseado por el creador- es el propio enunciante. El narrador es el personaje principal, quien a su vez tiene un alter ego al interior de la discursividad -Narciso Iturriaga Salamanca-, quien escribe una novela cuyo personaje central es Nik Zourcas. De tal manera que la novela de Angelcos es una textualidad doblemente imaginaria. La novela dentro de la novela donde aparece una triada de mujeres que probablemente son una sola, porque la ensoñación y los sueños son otro tópico presente en este texto sumamente interesante que de acuerdo con el narrador primario comienza a principios del siglo XX. La novela de título extenso, pero significativo, es la segunda edición con un prólogo del escritor Francisco Rivas Larraín, quien sostiene que el autor “ha escrito una novela ajena a toda clasificación (a pesar de que los editores sí la encapsularon), lo que ya es una virtud”. La primera edición es de 1997 y llevó un prólogo de Juan Radrigán, quien la considera “perfectamente como kafkiana”.

Con estos dos autores de la literatura chilena contemporánea, el texto ficcional de Angelcos queda más que acreditado como un relato que convoca a su lectura. El lector real se preguntará qué he leído. Lo que habrá experimentado es una propuesta narrativa que puede provocar extrañeza, pero que sí es una provocación estética al receptor. En este punto, Gregorio Angelcos sale airoso.

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