En la portada de la obra antológica de Ana María Julio aparece en primer plano un ave que está sostenida sobre la frágil rama de un arbusto. Pareciera ser una imagen captada en el invierno, pues las gotas caen o se desplazan por las ramas; son como un rocío. La figura del ave simbólicamente nos conduce a una interpretación donde las aves -los pájaros- trinan. El trinar es un cantar. El canto es una forma específica para denominar el quehacer poético.
Texto e imagen, por Eddie Morales Piña. Crítico literario.
La autora de este libro que tiene una hermosa portada fue mi alumna en la universidad donde estudió Pedagogía en Castellano y luego cursó un posgrado en Literatura, realizando una tesis sobre el poeta español Rafael Alberti. Mientras fue estudiante y colaboradora en un proyecto académico de quien escribe, Ana María Julio nunca me dijo que era poeta. Es decir, que cultivaba el arte de la poesía. Esto lo he venido a saber recientemente cuando me hizo llegar un libro de su autoría que, en realidad, es una antología donde selecciona textos de sus obras publicadas. En una especie de prólogo que denomina Carta al lector argumenta que el texto se construyó en momentos aciagos que vivía la humanidad -se refería a los tiempos pandémicos- alejada de las ciudades, tierra adentro, donde efectivamente vive. Se trata, entonces de una obra donde se recogen poemas de sus libros Añil, Tiempo de pájaros, El color del silencio y los escritos recientes De Pájaros y Lluvia. En el texto se encapsulan también algunas crónicas, críticas y comentarios de quienes han valorado su obra donde siempre sale airosa como poeta.
La poética de Ana María Julio tiende a la percepción de la realidad y a transmutarla mediante el lenguaje lírico, fundamentalmente a través de lo que se denomina la prosa poética, aunque también sabe de versares, es decir, de las estructuras clásicas de lo poético, como el soneto, aunque no se atenga a las estructuras canónicas de esta forma estrófica. La aprehensión estética de la realidad -como ella bien lo sabe- es diferente a la práctica y a la teórica -como lo enseñaron F. Vodicka y O. Belic en un texto ya canónico. La captación estética es lo que el sujeto histórico capta de su entorno exterior y que resuena en el interior y lo modeliza mediante el lenguaje. En la poesía este instrumento ineludible del ser humano alcanza cotas significativas, ya que el lenguaje es puesto de manera extrañadora del sistema, norma y habla habituales. Esto se logra con los recursos retóricos que la creación poética en el devenir del tiempo ha desarrollado -me refiero, por ejemplo, a la metáfora como elemento que pone en una instancia diferente situaciones comparativas. – Desde el famoso diálogo platónico denominado ION, la poiesis, es toda construcción poética donde se crea otra realidad con el lenguaje sacado de las formas habituales del sistema y la norma -independientemente de que estemos frente a una poesía donde lo coloquial prevalece como en la llamada antipoesía.
En la portada de la obra antológica de Ana María Julio aparece en primer plano un ave que está sostenida sobre la frágil rama de un arbusto. Pareciera ser una imagen captada en el invierno, pues las gotas caen o se desplazan por las ramas; son como un rocío. La figura del ave simbólicamente nos conduce a una interpretación donde las aves -los pájaros- trinan. El trinar es un cantar. El canto es una forma específica para denominar el quehacer poético. Este es un mester -un oficio, diría el maestro Gonzalo de Berceo-, gozoso y enaltecedor de las propiedades o las potencias adscritas en el ser humano que se transforman o convierten en un cancionero. De hecho, muchas obras poéticas de pasados siglos así denominaban a las producciones versales. De esta manera, el texto de Ana María Julio es una manera de cantar poéticamente a múltiples situaciones vivenciales y existenciales donde nos muestra la sensibilidad para captar y objetivar sensitivamente el mundo interior y exterior.
Ana María Julio tiene una particularidad especial en su mester. Probablemente es una de las mejores de las poetas chilenas que cultivan con una propiedad sumamente significativa lo que se llama la prosa poética. Esta modelización de la poiesis es muy particular. Lo que se podría decir en versos, por el contrario, se transmite en prosa, pero que adquiere un sentido estético superior al del lenguaje meramente comunicacional. En la prosa poética -la poeta la denomina poemas epistolares, una forma particular que aludiría a una relación entre el sujeto creador y el potencial lector, o el lector ideal inmanente al discurso-, Ana María Julio alcanza ribetes estéticos sobresalientes. Como lector real de esta obra, tuve la percepción como receptor de que esta prosa de la poeta tiene connotaciones bombalianas -aludo a la prosa narrativa de la gran María Luisa Bombal- que nos lleva por el lenguaje a una profundización del ser interior del hablante. No quisiera entrar a describir cada uno de los libros de donde se han extraído los poemas versales y la prosa poética que configuran la obra. Estas líneas son, simplemente, una aproximación a una escritura que nos revela a todas luces a una mujer poeta de Valparaíso -aunque vive en Artificio, cerca de La Calera en la quinta región- que se ha convertido en un referente del mester poético que no cabe la menor duda digna de conocer y apreciar estéticamente: Ana María Julio, poeta, de una singular hondura de expresión lírica que dice “Si he de partir mañana de nada me arrepiento…Si he de partir mañana, tú nunca estarás lejos”.
(Ana María Julio. De Pájaros y Lluvia y otros poemas. Valparaíso: Edición Gran Fraternidad de Escritores y Artistas de la Costa de Valparaíso. 2023. 176 pág.)
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