La apertura del enunciado narrativo nos ubica en el espacio y en el tiempo -el cronotopo de Mijail Bajtin- con los personajes respectivos. La gracia de Francisco Rivas es que desde el primer párrafo de la textualidad logra atrapar al lector. Como enseñaba Poli Délano, el cuento debe ser como una flecha que se lanza al corazón del lector, tal como Guillermo Tell las lanzaba directo a una manzana en la cabeza de su hijo.
Texto e imagen, por Eddie Morales Piña. Crítico literario.
Entre los años 2024 y 2025 comenté dos obras antológicas del escritor chileno Francisco Rivas relativas al género narrativo del cuento. Al finalizar el 2025 llegó el libro Los zapatos del señor Lozano y otros cuentos. En los anteriores artículos manifestaba que estábamos frente a un autor consumado e imprescindible en la literatura chilena contemporánea, no sólo en la novela sino esencialmente en el relato breve, es decir, el cuento. La obra recién mencionada no hace más que confirmar lo anterior. Me parece muy interesante de que esta antología recoja textos ya conocidos que se van transformando en clásicos por la perfección escrituraria que se encuentra en ellos.
Quiero decir que Francisco Rivas -escritor y médico, quien por razones más que conocidas usó como heterónimos los nombres de Francisco Simón y Francisco Simón Rivas en la producción de su obra- es un clásico, porque en lo que respecta al cuento tenemos a un autor que domina plenamente la retórica y los procedimientos escriturarios de esta forma literaria. Habiendo leído varios de estos relatos en las antologías que los han encapsulados, podemos afirmar que es como si por vez primera los estuviéramos conociendo. Esta condición es sine qua non para que nos percatemos de un clásico literario, según enseñaba Italo Calvino. Los cuentos de Francisco Rivas conservan la lozanía de su emergencia y siguen capturando al lector, aunque este conozca la tematización que está detrás de las historias narradas.
Como lo he señalado más de una vez cuando me toca referirme a este género narrativo que tienen múltiples modulaciones retóricas a lo largo de su devenir histórico, el cuento es un artefacto cuya consistencia esencial es la condensación del enunciado, es decir, de la trama que se despliega. En esto se diferencia de la novela, puesto que esta desarrolla ampliamente la temática o el asunto de que trata. Por el contrario, el cuento tiende a la solidificación; en otras palabras, la retórica del relato breve nos lleva en forma inmediata a una historia que en sí misma se aglutina en tiempo y espacio narrativos. Esta forma puede llegar al extremis, lo que dio origen al microrrelato. Francisco Rivas maneja a la perfección los resortes narrativos del cuento desde los títulos con que identifica el desarrollo de la historia. Estos son verdaderamente los paratextos de lo que viene luego. Son de alguna manera una síntesis de la historia, como en el cuento que denomina el volumen en comento. La apertura del enunciado narrativo nos ubica en el espacio y en el tiempo -el cronotopo de Mijail Bajtin- con los personajes respectivos. La gracia de Francisco Rivas es que desde el primer párrafo de la textualidad logra atrapar al lector. Como enseñaba Poli Délano, el cuento debe ser como una flecha que se lanza al corazón del lector, tal como Guillermo Tell las lanzaba directo a una manzana en la cabeza de su hijo.
Efectivamente, todos los cuentos del médico escritor/escritor médico, son como saetas que de forma natural y progresiva alcanzan y sumergen al receptor en las historias donde los personajes se hacen entrañables, como el señor Lozano. Esta es otra característica de la discursividad de Rivas. Los protagonistas de sus relatos se desenvuelven como actores sobre las tablas de un teatro conduciéndonos como lectores a distintos momentos espacio temporales. Las tramas de los relatos del autor son sumamente atrayentes, pues las tematizaciones se relacionan con las distintas formas retóricas con que el cuento se ha mostrado en el decurso de la temporalidad. Así, Rivas es un escritor dialogante con el desarrollo del relato y el lector se percata de esta intertextualidad que puede ir desde el realismo hasta lo fantástico pasando por otras muchas modulaciones. El despliegue de la historia de los cuentos de Rivas le permite al receptor adentrarse en terrenos discursivos que varias veces llegan a un desenlace inesperado. El lector queda, entonces, anonadado. Por otra parte, la imaginación discursiva de Francisco Rivas es -no cabe la menor duda- significativa. Las diversas tematizaciones con que el lector se encontrará en esta antología de diecisiete relatos dan cuenta de un autor versátil donde las historias sin duda que son ficción, pero que mantienen una relación con la realidad la que es transformada en la discursividad por medio de los recursos retóricos propios del discurso imaginario –el elemento añadido de que hablaba Vargas Llosa-.
En esta antología de Francisco Rivas hay un cuento que leí hace años. Este sólo relato convierte al escritor en un clásico de la literatura chilena y en un maestro en el género del cuento. Es aquel que tiene como protagonista a Monsieur Homard en El banquete donde mediante la espera de unos invitados que nunca llegan, pero sí un evento sorpresivo que comienza a desmontar las exquisiteces gastronómicas y al deterioro irreversible de lo creado. Un cuento magistral, como también lo es Kasuhiro o Las manos; el primero con una historia de una amistad entre un eximio artista caligráfico del Japón imperial con un hijo de un embajador que perdura más allá de la guerra, pero que tiene un final que sorprenderá el lector; el segundo, está ambientado en un mundo otro donde el relato nos sitúa casi en una fórmula del realismo mágico. La oruga del tigre es otro texto insoslayable ambientado en la segunda guerra mundial y traído al presente mediante el narrador en un lejano espacio del sur de Chile. Un desenlace también que deja al receptor pasmado. El cuento que da título al volumen, Los zapatos del señor Lozano, ineludiblemente, se caracteriza por el modo como este calzado es el verdadero actante de una historia donde la pérdida de uno de ellos en los pies nos lleva a un asunto alucinante.
En definitiva, vuelvo al principio. Francisco Rivas (Paine, 1943) a estas alturas es un escritor que forma parte del canon de la literatura chilena. Su abundante obra narrativa ha sido analizada y estudiada por la academia y, en consecuencia, es inevitable. En el género del cuento es un autor excepcional; en realidad, un maestro en su escritura.
(Francisco Rivas. Los zapatos del señor Lozano y otros cuentos. Santiago: Editorial MAGO. 2025. 192 pág.)
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