Si en el cuento, Mario Benedetti fue un maestro, no deja de serlo en el nombrado microrrelato o microcuento -y en sus variadas denominaciones-. Esta forma discursiva es la del tercer milenio y tiene múltiples cultivadores en la literatura. Benedetti de algún modo nos dejó unos ejemplares inolvidables de esta modalidad discursiva que están entre estas más de ochocientas páginas. En Despistes y franquezas el lector podrá encontrar algunas especies de microrrelato como Su amor no era sencillo, Lázaro o Mucho gusto donde se nos aparece un flaco escritor que no es otro que Kafka en la última línea del párrafo.
Texto e imagen por Eddie Morales Piña. Crítico literario.
La escritura literaria de Mario Benedetti (1920-2009) la conocí por primera vez no mediante la creación imaginaria de novelas o cuentos, ni tampoco de su poesía, sino a través de un libro de ensayos acerca de varios autores de la literatura hispanoamericana que llevaba por título Letras del continente mestizo, publicado en Uruguay en 1967 por Arca Editorial. El mentado texto lo había adquirido en una emblemática librería del puerto de Valparaíso que estaba ubicada en la calle Victoria -obviamente que ésta desapareció hace mucho tiempo. – Letras del continente mestizo me hizo descubrir a un sobresaliente ensayista y crítico literario que abordaba desde Darío a Fernández Retamar, pasando por escritores del incipiente Boom de la literatura hispanoamericana como Julio Cortázar, José Donoso, García Márquez, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, y destacando a escritoras como Rosario Castellanos y Claribel Alegría, y a poetas líricos como Nicanor Parra, Ernesto Cardenal y Gonzalo Rojas, entre otros significativos autores. El libro de 1967 lo tengo presente al escribir estas líneas y descubro que en su portada está el rostro de Benedetti joven al momento de la emergencia de esta obra.
Significativamente, la obra Cuentos completos (2025) nos presenta la faz de Benedetti mucho mayor con una sonrisa encantadora, como invitando al lector a ingresar en un grueso volumen que contiene todos sus relatos encapsulados en la forma narrativa que conocemos por cuento. Mi segunda experiencia lectora del autor uruguayo nacido en 1920 fue su novela La tregua (1960) y algunos de sus cuentos publicados en antologías. Al momento de escribir esta crónica -o como quiera llamársela- reviso historias de la literatura hispanoamericana o ensayos sobre ella y rara vez aparece el nombre de Benedetti, lo que parece extraño por cuanto fue un autor prolífico en los distintos géneros literarios y en otras formas artísticas.
No me cabe la menor duda de que en el cuento Mario Benedetti fue un eximio escritor. La antología que presento recoge todos sus libros sobre esta forma narrativa. Es una completísima compilación de relatos que van desde Esta mañana (1949) hasta La tristeza, pasando por Montevideanos de 1959 y Despistes y franquezas (1989). Como es bien sabido, el cuento como subgénero de la narrativa es una peculiar especie donde la narratividad tiende a la concentración de la historia o la trama. En otras palabras, el cuento busca aunar el tiempo y el espacio narrativo -el cronotopo bajtiniano– mediante su condensación. Esto significa que el autor debe procurar desarrollar la historia no ampliándola como en una novela donde el despliegue del asunto puede ser mucho más elaborado. El cuento en sí mismo es un artefacto de carácter lingüístico donde la trama está acotada y los personajes responden a la misma dentro del espacio tiempo que el narrador les concede. En este sentido, el cuento debe atrapar al lector desde su primer párrafo, porque debe provocar el nocaut en el receptor. En lo que estamos describiendo, Benedetti es un maestro. Indudablemente, que las tematizaciones de los relatos del escritor uruguayo perteneciente a la generación del 45, en el transcurso del tiempo fueron recogiendo diversas situaciones del contexto histórico y cultural en que le cupo vivir al escritor, incluido el exilio y el desexilio. En todos los relatos contenidos en sus textos que aparecen ahora como completos -o completísimos-, Benedetti demuestra ser una observador de la realidad cotidiana y capaz de transformarla en una situación imaginaria donde se van demostrando distintas actitudes existenciales de los narradores y sus personajes que en ellos confluyen, como la ironía, el humor, la franqueza, el amor, la desventura, el absurdo o la muerte, entre otras situaciones donde el lector va quedando atrapado en las redes discursivas del autor, descubriendo en él que “cuanto ve y escucha se convierte en materia narrativa porque la fuente de sus relatos es su inagotable vida” (José Emilio Pacheco, 1994). En esta su inagotable vida, está su posición política comprometida con los cambios sociales, sin pretender que la obra se convierta en arte político, sino que en ella se muestre una imagen crítica de la sociedad desde el punto de vista existencial. Dar cuenta de los relatos que forman, a su vez, libros diversos de distintas épocas es un despropósito. Sólo cabe decir que en cada uno de ellos van decantando las características propias de un estilo Benedetti al momento de tematizar los asuntos y los motivos de la escritura: “En manos de Benedetti, el cuento aparece como un género de una ductilidad y flexibilidad incomparables. Es el más antiguo y el más nuevo. En él todo se ha hecho y todo está por hacerse”, dice el prologuista.
No quisiera dejar pasar un detalle significativo. Si en el cuento, Mario Benedetti fue un maestro, no deja de serlo en el nombrado microrrelato o microcuento -y en sus variadas denominaciones-. Esta forma discursiva es la del tercer milenio y tiene múltiples cultivadores en la literatura. Benedetti de algún modo nos dejó unos ejemplares inolvidables de esta modalidad discursiva que están entre estas más de ochocientas páginas. En Despistes y franquezas el lector podrá encontrar algunas especies de microrrelato como Su amor no era sencillo, Lázaro o Mucho gusto donde se nos aparece un flaco escritor que no es otro que Kafka en la última línea del párrafo. Por último, en la Antología de cuentos hispanoamericanos (1995), Mario Rodríguez Fernández incluye Puntero izquierdo del volumen Montevideanos (1959) donde Benedetti tematiza un mito uruguayo: el fútbol. En el cuento se nos entrega una visión distinta de este juego desacralizándolo. Otro cuento insoslayable es Los robinsones de Buzón de tiempo (1999) donde el diálogo intertextual con el relato de Daniel Defoe está presente, sólo que ahora en la historia se convierte en un asunto que deviene en tragedia, pues no era uno, sino que cinco robinsones vueltos a una vida adánica que concluirá en desastre. En definitiva, esta compilación de todos los cuentos de Benedetti es imprescindible para conocer a un autor hispanoamericano en esta forma creativa donde demostró ser un maestro.
(Mario Benedetti. Cuentos completos. Uruguay. Alfaguara. 2025. 862 pág.)
Deje su comentario en su plataforma preferida