Hace muchas décadas aprendí en un libro de teoría literaria que el asunto es aquello que vive en la tradición propia ajeno a la obra literaria, pero que va a influir en la construcción de una obra ficcional. En épocas más recientes se puso énfasis en el referente extratextual que sirve de sustento a la creación. Por otra parte, Vargas Llosa manifestaba que el escritor siempre está imbuido por las circunstancias vivenciales o existenciales las que al transponerlas en la ficción se convierten en tal, por aquello que denominó el elemento añadido, es decir, lo que hace que un texto se configure en un discurso imaginario que está afincado en situaciones extratextuales. La obra de Ximena Hinzpeter Kirberg, sin duda, que transita por estas direcciones. El texto se titula Asesinato por piedad; una denominación que llama la atención al receptor, por cuanto el núcleo de la frase resulta inusitado con el complemento. Probablemente, el potencial lector, pensará que se enfrentará a un relato de corte policial. El sustantivo del título corresponde a los núcleos de un relato de esa naturaleza. Sin embargo, quien lea el texto se dará cuenta de que dicho horizonte de expectativas no se condice con la historia que se despliega. Por otra parte, la portada de la obra tiene un diseño donde en un margen aparece una niña que eleva su brazo derecho como tratando de alcanzar la mano de un alguien mayor. La distancia entre la diestra de la niña y la otra mano pareciera ser inalcanzable. Andando la narración, el lector descubrirá la relevancia de la imagen que como paratexto que es contiene una significación metafórica. Además, en una connotación más profunda nos lleva a la del dedo de Dios en la Creación en la pintura de Miguel Ángel. La niña de la portada es la protagonista de la historia junto a Alberto, su padre.

En la portadilla se informa al lector de que esta es la primera novela de Ximena Hinzpeter Kirberg (Santiago, 1968), periodista y fotógrafa. Una reciente entrevista a la autora complementa esta escueta información y revela lo que expresé al principio, es decir, el asunto o la tematización que se desarrolla como ficción. En el relato hay un sustento muy significativo de una experiencia de vida que ha sido convertida en una historia desgarradora, que paulatinamente deviene en una forma de liberación existencialista para quien escribe. En este sentido, el texto se convierte en una escritura que se va construyendo a partir de un hecho que después se transformará en un calvario. El padre comienza a padecer una avanzada demencia que pronto lo aislará del mundo viviendo sus días en la pieza 511 en el quinto piso de un asilo donde lo visitará su hija -quien narra-: el piso de los postrados, es decir, el lugar desde donde no se sale sino por la muerte. La forma como Ximena Hinzpeter programó el relato es muy interesante, lo que está conjugado con el trasfondo de la trama. En el capítulo II la narradora sostiene que “voy a iniciar el relato por el final” -en la Poética, Aristóteles enseñó in extremas res-. En otras palabras, el receptor sabe que el locutor, el enunciante narrativo, nos ha dado el desenlace de los acontecimientos. Sólo que luego en el despliegue de los hechos, nos percatamos que los propósitos de la narradora-protagonista de cometer un asesinato por piedad, ya no será posible, pues Alberto acaba con su vida. La autora hace uso de diversos modos retóricos del discurso literario para ir introduciendo al lector en una historia conmovedora. De este modo, la perspectiva narrativa tiene distintas modulaciones con saltos espacio temporales que configuran un relato -desde el punto de vista de su creación literaria- sobresaliente. La narración -el enunciado- se va estructurando sobre la base de una especie de registro vivencial que la protagonista escribe y lee en la pieza 511 a su padre que está perdido. Desde una mirada ajena a lo meramente estético, la novela de Ximena Hinzpeter tiene la valentía de mostrar este otro mundo de quienes padecen una enfermedad mental como la demencia o el alzhéimer y cómo la familia o un integrante de esta la vive, padece y conduele.

Sintéticamente, la historia que la narradora construye y que podremos visualizar como lectores a medida que avanza la narración con los saltos temporales muestra a una familia judía donde Alberto es el padre, un destacado médico pediatra, casado con Lucy y los dos hijos que forman el núcleo dentro de los márgenes de la tradición judaica. En este aspecto, la narradora mostrará al receptor lo que para uno es ajeno. Tradiciones más que milenarias del pueblo de Israel y la ascendencia de la que forma parte como protagonista-narradora. El episodio del candelabro entregado por la madre a Fernando, el hermano, es realmente connotativo dentro de esta cosmovisión. La niña de la portada es imaginariamente la que sufre la partida del padre cuando los abandona para irse a conformar otra familia y Lucy -como llama a su madre la narradora- experimenta una transformación. La imagen del padre ausente y la percepción del abandono es una llaga que la narradora pareciera no poder sanar. La relación de quien narra con Alberto en las escasas veces que lo vio como pediatra con sus hijos siempre fue conflictual. El momento donde recuerda que le pide que vea a uno de sus hijos enfermo y la respuesta del padre, es símbolo de esta relación deteriorada que sólo la enfermedad del progenitor logrará resarcir. La pieza 511 del asilo donde transcurren varios momentos de la narración, nos evoca a la novela La sala grande de Jacoba Van Velde, la escritora holandesa, que también se aventuró a revelar lo que acontece en un sitio como este donde se espera a la muerte. Efectivamente, Ximena Hinzpeter Kirberg en su novela testimonial muestra una cruda realidad de las personas ausentes, con sola presencia física, ante el mundo. La protagonista se hará cargo de su padre Alberto en estos momentos de asilado y puesto en la pieza 511 e ideará una manera de darle término intencionalmente a la vida como una manera de dejarlo ir y aliviar el sufrimiento. En este punto, la autora toca un tema que provoca discusiones legales, éticas y religiosas en diversas latitudes. Se denomina eutanasia. La narradora dice “cuando un demente muere, toda la familia se alivia. Por fin terminó el tormento y el desfalco. Los que creen en Dios cantan unidos de las manos un Aleluya y levantan con devoción ambos brazos para agradecer al cielo”. Al interior de la narración -la ficción- la enunciante declara su increencia en el Dios de sus antepasados y esto permea la perspectiva narrativa.

En definitiva, la novela de Ximena Hinzpeter Kirberg es un relato que no dejará al receptor indiferente por la temática tratada. Es un relato testimonial que tiene relación con una realidad extratextual, pero que debe ser leída como la autora se lo ha propuesto. Un relato ficcional que muestra el amor de una hija frente a un padre doliente al que ha perdonado y que, al fin, ha podido tomar su mano. Una obra recomendable y que muestra las dotes escriturarias de su autora.

Por admin

Deje su comentario en su plataforma preferida