La música de los domingos por la tarde es una especie de leit motiv en el devenir de la historia. Significa que es un motivo recurrente que da cuenta de un hecho peculiar al interior de la trama. La novela de Garay es un relato que se construye sobre la base de distintos momentos que confluyen en el momento de la enunciación. En otras palabras, el narrador primario que se llama Nicolás Stewart es quien arma una trama como casi un puzzle, como un rompecabezas escriturario.
Texto e imagen, por Eddie Morales Piña. Crítico literario.
La reciente novela del escritor Gonzalo Garay, sin duda, despertará el interés del lector/a no sólo por la historia que tematiza sino también por la forma en que el relato está programado. Tal vez esta manera de desplegar la discursividad le pueda provocar al receptor cierta reticencia por las diversas instancias que adopta la narratividad. Estas alteraciones temporales y la alternancia de las voces que son convocadas podrían descolocar al lector/a, especialmente a aquellos acostumbrados a una manera más lineal en la estructura del relato. Gonzalo Garay (Concepción, 1973) es de profesión abogado; probablemente, en su vida profesional haya experimentado las miserias de los seres humanos y, en consecuencia, pudo haberse sumergido en lo más recóndito del alma de las personas lo que le ha servido como soporte motivacional al momento de gestar este texto. La novela, de alguna manera, de cuenta de una historia donde el narrador/es muchas veces están al filo de la navaja o en una delgada línea roja, más allá de la moral o la ética. Por tanto, la narración se nos propone como un relato donde los márgenes son sobrepasados por los protagonistas que son varios, lo que podrá confundir a quien lee, al igual que los saltos temporales que permiten la amplitud del espacio tiempo tratado en la ficción.
La propuesta de la novela de Garay, por otra parte, tiene otro mérito en su discursividad -la diégesis, diría un teórico-, lo que, a su vez, no es una novedad, pero que el abogado escritor logra recuperar y traer a un presente. Se trata de la actitud dialogante que el narrador primario -es decir, el que lleva las riendas escriturarias- mantiene con otros relatos de Garay. Para aquellos lectores/as que conozcan la producción narrativa del autor le resultarán conocidos personajes y actantes que han protagonizados otras novelas y también los motivos y peripecias de las historias anteriores a esta, que tiene un título casi poético para referir una trama que sobrepasa los márgenes o linderos de lo aceptable, como el famoso Bastián Richter.
La música de los domingos por la tarde es una especie de leit motiv en el devenir de la historia. Significa que es un motivo recurrente que da cuenta de un hecho peculiar al interior de la trama. La novela de Garay es un relato que se construye sobre la base de distintos momentos que confluyen en el momento de la enunciación. En otras palabras, el narrador primario que se llama Nicolás Stewart es quien arma una trama como casi un puzzle, como un rompecabezas escriturario. La música de los domingos por la tarde es el aliciente que tiene este personaje para lograr entrar en un estado de éxtasis escriturario y elaborar la historia que tiene varios aditamentos o ingredientes temáticos y tópicos que en, en definitiva, parten por un crimen y el fuego que arde como metáfora. La novela de Garay es una metaficción. Quien lee -el lector ideal es el propio Nicolás Stewart- en el proceso de lectura real experimentará un ejercicio escriturario de una ficción donde este narrador expía una culpa. El fuego que abre la narración no todo lo consume en su voracidad, pues perduran los recuerdos. Nicolás, el narrador, nos lo dice.
Nunca nos gusta describir la trama o la historia de un relato. Sólo damos pistas exegéticas o hermenéuticas para ingresar en la lectura, con el fin de que el lector/a experimente el gozo de la escritura y el despliegue del enunciado. La novela de Garay es un aliciente para descubrir el placer del texto, como diría Barthes. La obra del abogador escritor o al revés, el escritor que es abogado propone una historia oscura donde un incipiente escritor, Nicolás, llegado a Concepción desde el extranjero donde se convierte en aprendiz de un reconocido pastelero llamado Bastián Richter, quien usa ingredientes humanos en sus preparaciones culinarias. Este espacio perturbador es el que el lector/a experimentará. Todos los personajes son seres caídos que están cohabitando un universo moralmente descompuesto. Gonzalo Garay en una entrevista sostiene que el libro -la novela- no tenía más chances que ser oscuro porque ambos personajes -Richter y Stewart, los protagonistas- comparten esa característica, no había caso. El receptor se enfrentará a un relato que lo va a descentrar, pues tematiza descarnadamente la realidad.
En definitiva, es una novela profunda, oscura y confesional que transita por los márgenes. En el desplazamiento de lo escriturario, se entrelazan recuerdos de infancia, erotismo, relaciones familiares tóxicas y escenas oníricas o delirantes que construyen un mundo inquietante, mediante un lenguaje narrativo afilado -a veces, poético, a veces, de crudeza abismante- con una notable profundidad sicológica en el tratamiento de las figuras protagonistas. La escritura de Gonzalo Garay es interesante, pues logra envolver al lector con una narratividad que sorprende al lector. Estamos en presencia, no nos cabe la menor duda, de un autor que va consolidando paulatinamente su quehacer escriturario entre los escritores chilenos recientes.
(Gonzalo Garay. La música de los domingos por la tarde. Santiago: Trayecto Editorial. 2025. 203 pág.)
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