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El caballero de las dos banderas, por Eddie Morales Piña

“El caballero de las dos banderas” de Pedro Miguel Lamet es una novela histórica publicada por Ediciones Mensajero de España en 2014 que tiene como figura central del relato a Íñigo de Loyola. Se trata de una narración de casi cuatrocientas páginas en que el autor despliega ante el lector múltiples acontecimientos históricos en que se inserta la persona del fundador de la Compañía de Jesús.

Eddie Morales Piña. Profesor Titular. Universidad de Playa Ancha.

Las relaciones entre la historia y la literatura siempre han sido estrechas, pues el quehacer escriturario –como el arte, en general- no se entiende sin esta vinculación. En la Poética, el Estagirita sostenía que la literatura –en realidad, él la llamó poesía- se muestran los hechos tal como pudieron haber ocurrido, mientras que la Historia los narra tal como fueron. Desde ese pensamiento hasta el presente, la rearticulación de dicha relación entre Historia y literatura ha tomado diversos matices, entre los que se encuentra la denominada novela histórica y –desde hace algunas décadas atrás- la llamada nueva novela histórica que, en cierto modo, ha sido una renovación de los parámetros retóricos en que aquella se desplegó a partir del siglo XIX, a pesar de que uno puede rastrear relatos desde épocas más tardías de la literatura. Paradójicamente, en los últimos años ha habido una vuelta a la matriz originaria, es decir, nos enfrentamos a la ficcionalización de la historia al modo tradicional sin los soportes deconstructivos con que lo ha hecho la nueva novela histórica.

La novela histórica, según Carlos García-Gual, ha tenido mala fama entre los historiadores y los críticos literarios, por cuanto se le ha reprochado “que no se limite a contar el pasado atestiguado como verdadero (…) y que apoye su relato ficticio en los andamiajes de la Historia”. Sin duda que el narrador de la novela histórica construye una historia que está sustentada en los cimientos de la verosimilitud donde la fantasía, es decir, la creación poética como lo recordaba Aristóteles tiene mucho que decir. En otras palabras, el escritor/a que se adentra en los espacios de la construcción de una determinada trama donde la Historia es el contexto primordial del asunto narrado, reconstruye poéticamente esa realidad histórica en la que inserta personajes y acontecimientos reales y concretos, y otros creados por su imaginación. En este sentido, el crítico citado sostiene que “la ficción del novelista está al servicio de una cierta veracidad poética que es distinta de la verdad rigurosa y tosca del cronista”. Y concluye afirmando que la novela histórica es ficción. De acuerdo a lo anterior, por tanto, quien cultive la novela histórica puede tomar como asunto cualquiera de los eventos que están encapsulados en el discurso histórico y recrearlos. Estos eventos pueden ser cercanos o lejanos en el tiempo, como ocurre con la novela “Ben-Hur”, de Lewis Wallace que trata sobre un tribuno del Imperio Romano siendo que él vivió en el siglo antepasado.

El caballero de las dos banderas” de Pedro Miguel Lamet es una novela histórica publicada por Ediciones Mensajero de España en 2014 que tiene como figura central del relato a Íñigo de Loyola. Se trata de una narración de casi cuatrocientas páginas en que el autor despliega ante el lector múltiples acontecimientos históricos en que se inserta la persona del fundador de la Compañía de Jesús. No se trata de una moderna hagiografía, es decir, la historia de un santo en sentido estricto sino, por el contrario, Pedro Miguel Lamet reconstruye la vida de Ignacio de Loyola, precisamente, contextualizándola en la época en que le cupo hacer su aparición como personaje histórico. De hecho en rótulo superior de la portada se lee “Novela histórica”.

El relato es interesante desde el título, por cuanto este es una metáfora de la existencia de Íñigo (Ignacio) de Loyola. En el devenir de la narración, se nos va a revelar el sentido de las dos banderas del caballero. Como es bien sabido, Íñigo fue un caballero, tal como nos lo describen las crónicas de la época. Era un guerrero, un batallador. Al quedar herido en una de las tantas batallas en que participó, durante su convalecencia se puso a leer precisamente historias de santos. De allí vendrá luego el proceso de conversión. Se convertirá en un soldado de Cristo y andando el tiempo en fundador de una militia Christi, la Compañía de Jesús, que será fundamental en la historia a partir del Concilio de Trento. La novela va ir presentando ante el lector todo el transitar de Ignacio. En cierto modo, la narradora configura la personalidad del futuro santo sobre la base de la imagen del peregrino. Ignacio es un caminante; el personaje se desplaza por diversos espacios no sólo de la España de su tiempo, sino que sus pies lo encaminan incluso hasta Tierra Santa. Es el peregrino, por excelencia. Desde la ignorancia, pero iluminado por Dios, Ignacio va predicando al igual que Francisco de Asís, hasta convertirse en un letrado, al que le costó aprender latín.

La novela está narrada desde la perspectiva de Catalina de Austria, hija de Juana la Loca y hermana del emperador Carlos V –quien se convertirá en reina de Portugal-. La peculiaridad de este relato de Lamet está en que nos presenta la historia del caballero de las dos banderas sobre la base del punto de hablada de una mujer enamorada, precisamente del caballero Ínigo de Loyola. Catalina está en un forzado encierro junto a su madre en un castillo de Tordesillas, y desde allí narra los acontecimientos de las aventuras del gentilhombre que se convertiría, más tarde, en la figura fundamental de la Contrarreforma con la Compañía de Jesús.

En síntesis, nos enfrentamos a una novela histórica en sentido estricto. Estamos frente a un relato que conjuga elementos históricos con los ficcionales creando aquella verosimilitud poética a que hicimos referencia al principio. Nos adentramos en la apasionante época del Siglo de Oro español y vamos descubriendo “la juventud turbulenta, el proceso interior, el entorno cultural y la espiritualidad del joven Loyola”; todo lo anterior con una destreza narrativa de Pedro Migue Lamet cuyo manejo del lenguaje alcanza cotas de natural belleza.






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