De testimonios y poesía, por Eddie Morales Piña

El libro de Carola Jamett (Valparaíso, 1961) se titula “Niños chilenos del siglo XX. Un relato coral” (2020). El paratexto de esta obra -la portada que como bien sabemos siempre es significativa para comprender el sentido interior de la discursividad- contiene a su vez otros paratextos, pues se nos muestran portadas de libros y revistas que nos remontan al presenciarlas hacia el pretérito, sea alejado o más reciente.
El poemario de Luisa Aedo Ambrosetti (San Antonio, 1982) se titula “Desmarejada” (2020). Estamos en presencia en uno de los géneros más prestigiosos de la historia de la literatura, ya que en el principio fue la poesía. El logos, la palabra, como la que genera una creación nueva.

(Crónica e imagen por Eddie Morales Piña, crítico literario)

Recientemente hemos leído dos libros que son de distintos formatos escriturarios y, en consecuencia, parecieran estar en espacios distintos; sin embargo, es posible encontrar una hebra en común entre ambos. De alguna manera, sea cualquiera de los géneros y subgéneros literarios todos tienen algo que los asemeja y esto simplemente es que forman parte de lo que se denominó poiesis en un famoso discurso filosófico platónico. Es decir, cada vez que nos enfrentamos a un texto literario estamos en presencia de una creación que recoge una aprehensión de la realidad a través del lenguaje sobre la base de las cosmovisiones de mundo en que se generó como discurso. Los textos a que haré mención son de diversas zonas escriturarias; uno, está en lo que se llama el testimonio, mientras que el otro se encuentra dentro de los márgenes de la poesía lírica. La hebra entre ambas obras está en el recuerdo, en la rememoración, en la evocación, en el hacer presente un tiempo ido que se esconde en lo recóndito de la memoria.

El libro de Carola Jamett (Valparaíso, 1961) se titula “Niños chilenos del siglo XX. Un relato coral” (2020). El paratexto de esta obra -la portada que como bien sabemos siempre es significativa para comprender el sentido interior de la discursividad- contiene a su vez otros paratextos, pues se nos muestran portadas de libros y revistas que nos remontan al presenciarlas hacia el pretérito, sea alejado o más reciente. En este sentido, la portada es un acierto, ya que abre la curiosidad del lector/a. Del mismo modo, el título indica el sendero por el que transitaremos. No se trata sólo de niños -como dice el título- sino también de niñas de distintas épocas del siglo pasado. El subtítulo está muy bien escogido debido a que las diversas voces a lo largo del tiempo se van complementando como un gran ejercicio coral.

Carola Jamett ha programado el libro sobre la base fundamentalmente de las voces de quienes fueron niños/as en los años que abarca la obra. Se trata de un libro testimonial. El género testimonial forma parte de los llamados géneros referenciales. Generalmente, en este formato escriturario el sujeto del enunciado coincide con el sujeto de la enunciación. En otras palabras, quien relata es el mismo protagonista de los hechos. En el testimonio se reactualiza el viejo tópico de lo visto y lo vivido. Significa que el enunciante proclama la certeza de lo que dice, pues ha sido actor o testigo del suceso contado. Los adultos que recuerdan el pasado -la intrahistoria- en el libro de Jamett se ubican entre “la generación de mis abuelos”, esto es, a principios del siglo pasado, y “la generación de mis hijos” (inicios de 1976 a fines de 1999). Entre medio, están los testimonios de “la generación de mis padres” (a inicios de 1926 y a fines de 1950) y “mi generación” (inicios de 1951 a fines de 1975). Cuando no se ha podido tener el testimonio directo, la autora ha recurrido a textos que recogen las vivencias de los convocados (así ocurre, por ejemplo, con Teresa Wilms Montt). Antes de cada uno de los cuatro capítulos, Jamett realiza la contextualización socio histórica y cultural del tiempo en que los otrora niños y niñas vivieron. El discurso coral se despliega ante el lector/a con diversos matices. En este sentido, el libro de Jamett es un rico repositorio donde se han cobijado diversas experiencias de vida de la infancia -de las más felices, a aquellas con sucesos traumáticos, difíciles o con revelaciones significativas. El libro de Carolina Jamett es un magnífico testimonio del pasado de quienes fueron sus protagonistas y que vieron el transcurrir de la historia con sus ojos de niños y niñas.

El poemario de Luisa Aedo Ambrosetti (San Antonio, 1982) se titula “Desmarejada” (2020). Estamos en presencia en uno de los géneros más prestigiosos de la historia de la literatura, ya que en el principio fue la poesía. El logos, la palabra, como la que genera una creación nueva. La aprehensión de la realidad mediante el uso del lenguaje que se aparta de la norma habitual. La poesía -lírica, en este caso- siempre ha sido, por tanto, una forma peculiar de testimoniar la propia subjetividad, sino que a través de ella el mundo circundante en que el/la sujeto/a de la enunciación se sitúa. Por tanto, una de las formas en que este decir poético se concreta es mediante lo que un viejo estudioso llamó el temple de ánimo. Esto quiere decir que por el lenguaje se nos revela el poeta que sigue a las cosas “a través del laberinto del tiempo”, como escribe María Zambrano.

La portada de la obra de Luisa Aedo Ambrosetti nos presenta cinco hexágonos y dos incompletos, o que no llegaron a ser. El hexágono es una figura geométrica -un polígono de seis lados y seis vértices-. La paratextualidad del poemario nos muestra en tonalidades azulinas lo que alude el título. Este tiene resonancias marinas, solo que no se trata de las marejadas, sino de las desmarejadas. De allí lo incompleto de los hexágonos. La palabra marejada está dentro del contexto semántico de lo meteorológico y, en palabras llanas, es cuando el viento hace que las aguas se eleven por sobre lo normal. Por tanto, lo eólico hará que las marejadas sean simples o complejas. Sin duda, que la poeta ha usado el término con un sentido metafórico que se profundiza, a la vez, por el prefijo con que lo utiliza. El neologismo alude a un tipo de movimiento -ya no provocado por el viento- que en el decir de la hablante lírica ahonda en la existencia femenina. “Desmarejada” es como la deconstrucción de una forma de aprehender el mundo exterior o interior. En ese sentido, la hablante del poemario nos sumerge junto con ella en las profundidades del ser por la palabra. En el poemario de Luisa Aedo Ambrosetti encuentran una certeza de lo que sostiene la filósofa María Zambrano (+ 1995) en “Filosofía y poesía” cuando dice que la poesía ha sido en todo tiempo, vivir según la carne. Desde puerto Antonia, la hablante va testimoniando diversos momentos existenciales con poemas que trasuntan estados y temples de ánimos donde se nos revela una sujeta que hace memoria: “Es hora de contar la historia/ que he callado/ de crear el propio cuento/ el propio abrazo/ de buscar las piezas para reconstruir la casa/ de buscar adentro de lo roto/ lo perdido/ Allá lejos/ ninguna reja/ se ha cerrado en el puerto Antonia”. En definitiva, la obra poética de Luisa Aedo Ambrosetti no dejará al lector/a indiferente frente a su propuesta poética.

(Carola Jamett: Niños chilenos del siglo XX. Un relato coral. Santiago: RiL, editores. 2020// Luisa Aedo Ambrosetti: Desmarejada. Santiago: RiL, editores. 2020).

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