“Andrés Morales no sólo es un poeta. Está condenado a ser poeta”, por Eddie Morales Piña

En la poética de Morales, experimentamos como lectores/as lo que Barthes denominó el placer del texto: la creación, como una relación amorosa entre la obra y su lector/a. En “Oráculo”, Andrés Morales, aúna bajo esta denominación titular dos obras suyas anteriores.

Eddie Morales Piña. Crítico Literario.

Recientemente hemos recibido de nuestro amigo Andrés Morales (1962), poeta y académico de la Universidad de Chile, tres libros: dos son de su autoría; uno, relativo a ensayos; otro, a la poesía; mientras que el tercero, trata acerca de estudios, reseñas, notas y entrevistas sobre su escritura. En esta crónica haré una breve recensión sobre cada uno de estos textos. Para ello, buscaré un hilo conductor, una especie de urdimbre que conecte a estas obras. La palabra texto me sirve, puesto que etimológicamente proviene del latín textum que significa tejido. Todo texto, en consecuencia, es un entramado donde se aúnan continente y contenido. En los tres libros de Andrés Morales que he leído en un espacio muy acotado de tiempo, creo descubrir este hilo conductor que bien supo expresar el poeta Gonzalo Rojas en 1984 al escribir las palabras con que he titulado la crónica: el poeta Morales no sólo es poeta en su quehacer poietico, sino también en su calidad de maestro que enseña lo que es la literatura en el más prístino sentido de este concepto. Por otra parte, de los tres libros, hay dos que en sus portadas –los famosos paratextos-, indican la huella por donde hay que seguir: “La poesía como un dios. Estudios, reseñas, notas y entrevistas sobre la poesía de Andrés Morales” de Giovanni Astengo (Santiago: Piso Diez ediciones, 2018) y “Oráculo” (Santiago: Editorial Mago, 2019) tienen imágenes que remiten a la cultura clásica; mientras que “Poéticas en movimiento” (Santiago: Piso Diez ediciones, 2019) alude en su portada al poeta creacionista que sentenció que el poeta es un pequeño dios. En consecuencia, todo es poiesis como la consideró Platón en su diálogo “ION”.

En forma previa quiero dejar como testimonio que el nombre de Andrés Morales me era conocido, pues se trata de un prestigioso académico –más bien un catedrático- universitario. En 1997 me correspondió ser jurado del Primer Concurso Nacional de Poesía Ciudad de San Felipe. Recuerdo que a la oficina de la universidad playanchina donde ejercí, llegó una cantidad sorprendente de textos poéticos. He participado en varios certámenes de esta naturaleza, por tanto, no me agobié sino, por el contrario, disfruté las lecturas de las diversas poiesis. Hubo una que me llamó particularmente la atención y pasó a estar desde mi criterio estético en uno de los tres primeros lugares. Recuerdo que en ese jurado había dos premios nacionales: el poeta Miguel Arteche, en Literatura, y el profesor Ernesto Livacic, en Educación. Además, participaba mi ex colega de la universidad la Dra. Marcela Prado y un representante cultural de la Municipalidad de San Felipe. En el trayecto hacia esa ciudad comenté con Marcela que me había llamado poderosamente la atención un texto que se titulaba “Escenas del derrumbe de Occidente”. Pues bien, llegado el momento de deliberar, este trabajo quedó entre los primeros y cuando se abrieron los sobres donde se hallaban las autorías de los participantes resultó ser que su autor era el poeta y académico Andrés Morales Milohnic. La obra luego fue publicada por la Editorial Universitaria en 1998.

Giovanni Astengo (1972) es el editor –también es poeta- de la excelente antología de los textos críticos y de las entrevistas acerca de la obra de Morales. Este es un libro que es una especie de carta de navegación –sin duda que es una metáfora-, una cartografía para ingresar en el mundo poiético de Andrés Morales. La palabra poiesis –para el desocupado lector que lee estas líneas- significa simplemente creación tal como la concibió el diálogo platónico. La creación es la realizada por los poetas. El texto de Astengo da cuenta a través de los estudios, reseñas, notas y entrevistas del quehacer poético de Andrés Morales a lo largo de su transitar por el sendero de la poesía, pues está “condenado” a ella. Para muchos/as lectores/as serán iluminadoras las entrevistas para entender cómo concibe el acto poiético nuestro autor o cuáles son los poetas predilectos que lo han sorprendido y encantado en su devenir como creador, entre los cuales Vicente Huidobro tiene un lugar especial. El libro se complementa con un anexo que contiene el discurso de la incorporación del poeta a la Academia Chilena de la Lengua el 2008.

Poéticas en movimiento” alude en su mismo título a la urdimbre entre las obras que comento. La palabra principal nos conlleva a uno de los espacios –locus, lugar- que inaugurara en la Antigüedad clásica el Filósofo, Aristóteles, en su siempre leída y sorprendente Ars poeticae –en latín-: una obra donde se estudia precisamente el arte de la creación poética en los géneros literarios a los que se enfrentó el griego. A lo largo del tiempo, especialmente, cuando se rearticularon las preceptivas clásicas volvieron a resurgir, pero luego el concepto se amplió para significar el concepto, la función o el modo de representar la realidad en los diversos géneros. Vicente Huidobro, por ejemplo, en su poema “Arte poética” como que da la clave para entender su poiesis: el Creacionismo. El título de esta obra de Andrés Morales se complementa con una frase adjetiva: en movimiento. Las poéticas siempre han estado en el quehacer literario ya no como preceptiva o norma sino como cosmovisiones y aprehensiones del mundo. Se trata de un libro donde vemos al poeta en su menester -trabajo u oficio, como decían los medievales: un ministerium como especialista en literatura, especialmente en el género lírico. Como dije más arriba, ambos menesteres –la escritura poética y la escritura académica- se entrelazan en nuestro autor. Cuando uno lee estos ensayos, artículos, notas de lectura, reseñas y discursos, descubre al académico intuitivo que pesquisa en los detalles de un poema para dar cuenta de todo un ámbito creativo de un/a poeta ya sea de la escritura de la poesía española o de la hispanoamericana. El texto dedicado a Stella Díaz Varín es inolvidable, como lo es la poeta chilena, así como los que aluden a García Lorca o a Huidobro. La impronta pedagógica de Andrés Morales queda evidenciada en el ensayo dedicado a la poesía chilena de la segunda mitad del siglo XX, mientras que se nos revela la perspectiva emotiva al recordar sus ancestros croatas en la poesía chilena de ese origen. En definitiva, un texto imprescindible.

Por último, “Oráculo” es el libro de poemas que refrenda lo dicho por Gonzalo Rojas en el prólogo a “Soliloquio de Fuego” (1984). Andrés Morales está “condenado a ser poeta”, y a ser un poeta mayor. Dentro del espectro de la poesía chilena contemporánea, sin dudas, que ocupa un lugar destacadísimo. Sus “poéticas en movimiento” – a partir de “Por ínsulas extrañas” (1982) hasta ahora-, lo ha consolidado como una voz poética potente a las que el/la lector/a nunca quedará defraudado/a. Es por todos sabido que el lenguaje poético es una forma de ser que va más allá de la norma. Es por eso que las imágenes retóricas que vienen desde illo tempore tienden a ocultar el sentido de la escritura lírica. En el caso de Andrés Morales el lenguaje se transforma en un metalenguaje trabajado con aciertos estéticos y de gran profundidad en el modo como el hablante se plantea ante el objeto o los objetos deseados de la aprehensión lírica. En la poética de Morales, experimentamos como lectores/as lo que Barthes denominó el placer del texto: la creación, como una relación amorosa entre la obra y su lector/a. En “Oráculo”, Andrés Morales, aúna bajo esta denominación titular dos obras suyas anteriores. Estamos, por cierto, frente a una nueva obra, pues al volver a articularlos bajo un distinto nombre se constituyen en una nueva construcción poética mediante las voces comunicantes que había entre “Visión del oráculo” (1993) y “Los cantos de la Sibila” (2008). Entre ambos el/la hablante es el/ la vidente que mira, observa, lee el mundo y presagia un destino inevitable e insoslayable. En esta obra nueva el fenómeno de lo intertextual está dado sobre la base del lenguaje que nos revela –como dije- a un poeta mayor: “no yacerá en un libro como tantos. Volará, crecerá” (Gonzalo Rojas, dixit!).

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