Opinión: Cooperativismo, un modelo necesario para el desarrollo social y económico, por Álex Santander

Hoy en día, el Cooperativismo nos plantea una alternativa, una oportunidad de pensar y repensar nuestro crecimiento bajo otras lógicas, distintas a las que propone el neoliberalismo. El estallido social, por su parte, nos brinda la esperanza de un reflorecimiento del tejido social antes destruido.

Alex Santander, Fundador ONG El Otro Capital

El Cooperativismo es un modelo de organización que, como indica la Alianza Cooperativa Internacional, promueve la asociación voluntaria de personas para satisfacer en común sus necesidades y aspiraciones económicas, comunitarias y culturales, en la forma de una empresa socialque es de propiedad común y de gestión democrática. En la teoría cooperativa existen 7 principios, los cuales buscan construir una estructura horizontal donde prime la acción y participación colectiva por sobre la individual, la toma de decisiones de manera democrática e igualitaria por sobre una jerarquización vertical, considerando la transparencia, ayuda mutua, autogestión y solidaridad como ejes centrales de desarrollo, no solamente a nivel interno (entre los propios socios cooperados) sino también entre las comunidades y territorios de los cuales son parte, incidiendo así de manera positiva, consciente y sustentable en el desarrollo comunitario y económico local.

Según el Ministerio de Economía, en Chile existen 1237 cooperativas activas y vigentes (División de Asociatividad y Economía Social, 2020), las cuales impactan positivamente en diversos aspectos de la actividad social, cultural y económica en el espacio en donde existen y operan, ofreciendo y brindando distintas soluciones tanto en lo laboral como también en cuanto a servicios básicos, consumo y abastecimiento, ahorro y crédito, entre otras necesidades de las comunidades y sus propios socios. Este tipo de organización trabaja en función de las particularidades de los territorios y bajo una lógica de Economía Social y Solidaria –siguiendo el concepto acuñado por el sociólogo e investigador chileno Luis Razeto Migliaro– al realzar el valor de lo colectivo por sobre lo individual, asumiéndose, de este modo, los riesgos y responsabilidades propias de la gestión en forma conjunta entre sus integrantes

La mirada del Cooperativismo –de acuerdo a su evolución histórica y repercusión en la calidad de vida de diversas sociedades en el mundo, incluyendo la nuestra– representa también una alternativa eficiente para poder hacer frente a los vaivenes del libre mercado, el cual, en función de su apertura global, ha generado una gran dependencia interna ante las vicisitudes extranjeras y ha generado, a menudo, escenarios de crisis y fuerte recesión producto de la especulación capitalista, lo que en la experiencia latinoamericana se ha traducido, en muchos casos, en amplio descontento y agitación social.

Sin dudas el 18/O removió las bases sociales y políticas de nuestra lastimada sociedad, en la cual, hasta entonces, parecía estar todo en perfecto estado bajo la dinámica del modelo neoliberal chileno, con el cual nos hemos mimetizado tristemente por más de 30 años de transición post dictadura. La vulneración del tejido social en Chile, violentado y destruido en la era cívico-militar, sentó las bases perfectas para la implantación y emancipación –a fuerza de armas, exterminio y represión sistemática a toda forma de disidencia ideológica o política– de sistemas de desarrollo centradas en el capital, la libre competencia, la propiedad privada y la acumulación excesiva por una pequeña parte de la sociedad, la cual se ha visto beneficiada hasta el día de hoy bajo un modelo de inequidad, privatización e injusticia social.

Hoy en día, el Cooperativismo nos plantea una alternativa, una oportunidad de pensar y repensar nuestro crecimiento bajo otras lógicas, distintas a las que propone el neoliberalismo. El estallido social, por su parte, nos brinda la esperanza de un reflorecimiento del tejido social antes destruido. El reencuentro a nivel comunitario y territorial, los cabildos y la reactivación y surgimiento de distintas y diversas organizaciones sociales, sientan las bases para el comienzo de la construcción de un nuevo Chile. Un nuevo Chile que debe pensarse necesariamente desde los territorios, con sus particularidades, fortalezas y debilidades. Una nueva forma de hacer las cosas, en donde prime lo colectivo por sobre lo individual y en donde el desarrollo económico –enfocado en lo social– esté por encima de un modelo de crecimiento que hoy depreda y destruye toda la riqueza y recursos de nuestro territorio nacional y que, por lo mismo, se vuelve y hace insostenible.

El Cooperativismo nos entrega herramientas para construir las bases de una nueva economía que incida desde lo humano a lo comunitario, de lo comunitario a lo territorial y de lo territorial a lo regional. Una vez ahí recién se podría pensar en escalar a niveles de incidencia internacional, en donde las lógicas macroeconómicas –de las que rara vez se hace parte la ciudadanía en general– puedan ser solventadas bajo una “competencia” con los grandes clusters y transnacionales capitalistas, haciéndoles frente con la organización de clusters cooperativos que respondan bien a nivel internacional pero que, al mismo tiempo, incidan de manera eficaz a nivel local y territorial bajo un encadenamiento productivo inter-territorial.

El levantamiento de modelos de desarrollo económico local –en donde los recursos y tributos se queden en sus mismos territorios–, el impulso a fortalecer una industria nacional que abastezca la demanda interna de alimentos, textiles y tantas otras necesidades básicas (como existió en algún momento previo a la dictadura), constituyen hoy, en el Día Internacional de las Cooperativas, una tremenda oportunidad para repensar nuestro país, considerando el contexto de crisis sanitaria y económica que hoy nos afecta y que se prevé sea aún más profunda al término de la pandemia, aún con fecha incierta. Un nuevo Chile, más justo y equitativo, tiene que sostenerse necesariamente en el tejido que hoy crece y se fortalece, en función de ollas comunes y compras colectivas. Quienes se mueven en ello, intuitivamente saben que la cooperación y la organización económica y territorial es la única forma sostenible de salir adelante en esta coyuntura: todos juntos, horizontalmente, ayudándonos en la solidaridad y autogestión como habitantes y ciudadanos de un mismo territorio nacional.

Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de quien las emite. Y no necesariamente, va de la mano con la línea editorial de Espacio Regional.

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