La crítica literaria de José Promis en La Unión de Valparaíso, por Eddie Morales Piña

El autor de la columna (a la izquierda) junto a José Promis. Dos períodos: 1996 y 2018. Fotos cedidas a ER.

Efectivamente, José Promis inició su actividad como crítico en el diario “La Unión” de Valparaíso, periódico ya desaparecido desde hace varias décadas y que puso un hito en la historia de Valparaíso en el marco de los medios de comunicación, como se dice ahora.

Eddie Morales Piña. Crítico Literario.

En una investigación que realizamos entre 2017 y 2018 en conjunto con el profesor Marcos Aravena de la Universidad de Playa Ancha en torno a la crítica literaria en el diario “La Unión” de Valparaíso, quedó ampliamente demostrado que en un segmento de años ejercieron la calidad de críticos Thomas Mc Hale y Cedomil Goic. Sin embargo, luego entró a la palestra –como decía nuestro recordado profesor de Gramática en el Instituto Pedagógico, don Félix Morales Pettorino cuando nos enviaba a la pizarra a resolver problemas sintácticos-, José Promis Ojeda –que ya en ese entonces sólo aparecía con el apellido que lo haría famoso en el ámbito de los estudios literarios: Promis. Hoy cuando se alude a su apellido se toma la parte por el todo, es decir, la sola mención del nombre nos convoca y nos lleva a un intelectual que ocupó por décadas un lugar señero dentro del contexto del análisis e interpretación de la literatura hispanoamericana y chilena. Aparte de la labor académica desarrollada por Promis en las diversas universidades en que le cupo enseñar, fue un destacado crítico literario que hasta hace poco escribió como tal en un diario capitalino. La crónica que está siendo escrita –y ahora leída- incorpora el propio decir del crítico José Promis.

Efectivamente, José Promis inició su actividad como crítico en el diario “La Unión” de Valparaíso, periódico ya desaparecido desde hace varias décadas y que puso un hito en la historia de Valparaíso en el marco de los medios de comunicación, como se dice ahora. En el transcurso de la investigación, a la que aludimos al principio, queda en evidencia la importancia que tuvo el mencionado periódico no sólo por consignar las noticias del acontecer internacional, nacional y regional, sino porque siempre hubo un interés por darle un espacio a la cultura y, específicamente, a la literatura. No sólo se registran acontecimientos relacionados con ella, además, le dará un espacio en concreto a los críticos literarios como los mencionados Mc Hale, Goic y Promis. Estos dos últimos eran profesores del Instituto Pedagógico de Valparaíso y en la Universidad de Chile y Universidad Católica. El diario “La Unión” de Valparaíso fue fundado en el siglo antepasado y desapareció de la escena poco después del golpe militar de 1973. El edificio que cobijó a este medio se encuentra frente a la Plaza de la Victoria y a la Catedral de Valparaíso; de hecho hoy forma parte de las dependencias de este obispado.

José Promis inició su actividad como crítico literario del diario mencionado entre los años 1966-1967, siendo director del medio Jorge Molina. De acuerdo a lo expresado por el propio crítico y académico –ante la consulta de cómo llegó al ejercicio de la crítica en las páginas del porteño diario-, responde que: “No me invitó nadie. Oscar Luis Molina, una persona a quien le tengo mucha admiración y afecto, había regresado de España y había sido contratado como profesor, al igual que yo, en la que en esos años se llamaba sólo Universidad Católica de Valparaíso. Juntos desarrollamos el proyecto de crear una página dedicada a asuntos relacionados con libros en La Unión. Se lo propusimos al director del diario, quien aceptó el proyecto y lo pusimos en marcha”. Efectivamente, la afirmación de Promis es interesante, porque antes las críticas literarias de Mc Hale y Goic estaban en la sección oficial del diario, es decir, en lo que habitualmente se conoce como la página editorial, o bien a veces se desplazaban hacia otras interiores. Por el contrario, cuando aparecen las críticas de Promis estas se encuentran ya en lo que él sostiene: “una página dedicada a asuntos relacionados con libros”.

Desde ya hay que dejar establecido que las críticas de libros tanto de Goic como de Promis estaban, sin duda, alejadas del impresionismo literario. Debido a su formación académica, el abordaje a los textos literarios comenzó a realizarse sobre la base de otras formas de aprehender el objeto llamado obra literaria. En este sentido, comenzó a entenderse esta como una estructura de lenguaje; un lenguaje estético con connotaciones diversas al uso habitual de la lengua, pero conservando su relación con el contexto socio-histórico en que se generaba. Lo anterior queda en evidencia cuando Promis argumenta que: “Yo tuve la suerte de estudiar con excelentes profesores en el antiguo Pedagógico de la Universidad de Chile en Santiago durante los años en que el estructuralismo (que erróneamente mucha gente confunde con el formalismo) despertaba gran entusiasmo en el ámbito académico. Después estudié Estilística con Rafael Balbín de Luca en Madrid. Ambas disciplinas destacaban los valores inmanentes y autónomos del texto literario, actitud que a mí no me satisfacía mucho. Después leí a Lucien Goldman y otros llamados estructuralistas genéticos y sobre todo a los llamados estructuralistas checos, quienes defendían la transformación de las circunstancias históricas en representaciones individuales del texto literario, es decir, defendían la individualidad, el carácter único del texto, pero no su autonomía del contexto social. Esta es la perspectiva que en esos años y desde entonces he utilizado para interpretar un texto”.

Revisando algunas de las críticas y crónicas literarias de José Promis en “La Unión” de Valparaíso, nos encontramos con la que lleva por título “Literatura y enseñanza”, publicada en la edición del 1 de noviembre de 1970 que trataba acerca de los cambios curriculares que se estaban llevando a cabo en la enseñanza del Castellano –como se denominaba a la asignatura que hoy se conoce con la infeliz frase de Lenguaje y Comunicación-. Promis no estuvo ajeno a esta situación de la reforma educacional, pues en conjunto con el profesor Mario Rojas darán origen a diversos textos para la enseñanza que fueron conocidos como Manuales de Castellano desde séptimo básico a cuarto medio. En la mencionada crónica sostenía que “los nuevos programas exigen perentoriamente nuevos métodos de enseñanza fundamentalmente, métodos intrínsecos de clara orientación estructuralista, ya que en un mundo vertiginoso como el que vivimos, sólo el estudio de la evolución de las estructuras puede interesar al adolescente que vive en el seno de este vértigo”. Los mencionados manuales fueron una muestra palpable de lo que Promis quería decir. Además, es sintomático que en la crónica se quejaba de la poca importancia que daban los docentes de aquellos años a los cursos de perfeccionamiento para comprender las nuevas formas de acceder al texto literario.

Otra de las críticas importantes en el contexto de las nuevas perspectivas para analizar e interpretar la obra literaria está la fechada el 7 de noviembre de 1971 en que se refiere a “El mundo de las letras” de Félix Vodicka y Oldrich Belic. Esta obra se convirtió en una verdadera “biblia” para quienes enseñaban literatura. Hasta el día de hoy sigue siendo un texto de consulta. El que escribe esta crónica tuvo que estudiar a los autores checos cuando ingresó a la universidad. Promis sostiene que “Vodicka y Belic eran discípulos de Jan Mukarovski, la principal figura del que llamábamos estructuralismo checo, aproximación al texto literario que a mí me satisfacía mucho. Comenté El mundo de las letras porque pensaba que era un libro importante que debía ser difundido. El libro de Wolfang Kayser: Estructura y análisis de la obra literaria, se utilizaba monopólicamente en los estudios de Castellano en esos años, y el texto de Vodicka y Belic aportaba lo que a Kayser la faltaba: la relación entre el texto y sus circunstancias”.

Los años en que Promis ejerció la crítica literaria en el diario porteño, son los años en que la literatura hispanoamericana da un salto tremendo en la historia, por su repercusión en Europa y USA. Son los años del denominado “Boom” de nuestra literatura. En consecuencia, hay más de una crítica en que se refiere a los autores y autoras que comenzaban a impactar más allá del continente. Promis manifiesta que “fue solo una coincidencia. El boom a que te refieres, una palabra que a mí no me gusta mucho, comenzó cuando yo estudiaba mí doctorado en España. Recuerdo que fue en una librería de Madrid donde vi por primera vez y compré la primera edición de La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa y la primera edición de Rayuela, de Julio Cortázar. Seguramente comenté después en La Unión publicaciones de ellos o de otros que se consideraban miembros del Boom: José Donoso, Salvador Garmendia, etc”. Lo anterior no significa que no haya puesto su mirada crítica en autores chilenos como Oscar Castro (1910-1947), a propósito de un estudio que le dedicara Fernando Cuadra, que según el autor no había tenido el espaldarazo crítico y de público que se merecía: “Oscar Castro se nos muestraescribe Promis en una crítica de 1970como un poeta plenamente consciente de su naturaleza de tal”. Mientras que en una de sus críticas fechada el 1 de agosto de 1971 se refiere a la antología “Concentración de bicicletas” de Carlos Olivarez. Este era un joven narrador que va a deslumbrar a Promis: “lo primero que impresiona en el texto es la agilidad y donaire del narrador (…) Olivarez hace vivir al lector el mundo que presenta”.

Ante la pregunta si abordó a autores y autoras de la ciudad de Valparaíso como Alfonso Larrahona, Eduardo Embry, Modesto Parera, Sara Vial, Patricia Tejeda, entre otros, comenta que “la verdad es que no recuerdo a los autores, de Valparaíso o no, que haya comentado en mis artículos de La Unión. Desafortunadamente, cuando tuve que dejar Chile después de que me echaron de la universidad, perdí muchos documentos; entre ellos, posiblemente, copias de mis comentarios en La Unión. El único libro que recuerdo haber comentado porque me impresionó profundamente fue Job-Boj, de Jorge Guzmán”.

Por último, cabe consignar que paralelamente a su labor crítica en el diario porteño, Promis tuvo un programa televisivo que se llamo “La vida y los libros” en el canal de la Universidad Católica de Valparaíso hasta septiembre de 1973. Para nuestro crítico y académico fue una experiencia enriquecedora que le permitió aunar la palabra escrita (la crítica en “La Unión”) con la palabra oral (el programa de TV) al enfrentarse a los libros: “Pude comprobar que son dos enfrentamientos radicalmente distintos, pero complementarios”.

Actualmente, José Promis está alejado de la crítica literaria –la docencia la dejó hace tiempo- y vive en la ciudad de Santa Rosa en California, donde entre otros menesteres se dedica a leer por placer novelas policiales.

Deje su comentario en su plataforma preferida