Opinión: Coronavirus y un nuevo Casablanca, por Francisco Riquelme López

¿Cómo podría ser nuestra comuna post crisis coronavirus?

Francisco Riquelme López. Periodista.

El coronavirus es una crisis sanitaria y económica global que tiene componentes adicionales en nuestro país, dado el proceso político, social y cultural que nació en el estallido de octubre 2019. Esto nos está enfrentando hoy a una tensión compleja, dada la creciente desconfianza que tiene la ciudadanía con la función de la política, de algunos políticos (como elite) y sus instituciones, en tiempos que se necesita de mayor apoyo del Estado y de sus poderes.

La interrogante está planteada: ¿Cómo va a cambiar el mundo y el país con el coronavirus, en particular la relación de nosotras (las personas) con nuestro entorno, con el trabajo, el medio ambiente, la economía, la naturaleza, el consumo, la espiritualidad, etc.? En Casablanca tenemos que hacernos esta misma pregunta. Un escenario posible de aventurar es el fortalecimiento del sentido de comunidad y su tejido social y cultural.

¿Cómo podría ser nuestra comuna post crisis coronavirus?:

·         La globalización, tal como la conocemos hoy, está en profunda discusión, al menos su efecto expansivo a todos los ámbitos de la sociedad. Este cuestionamiento refuerza el sentido local de la vida en comunidad, de mirar nuestros territorios y movilizar recursos para potenciar modelos de desarrollo con identidad propia y no excesivamente dependientes.

·         Una salud de calidad. Esta crisis demuestra lo importante que es invertir en políticas comunales sanitarias. El nuevo hospital nos permitirá disponer de una infraestructura de primer nivel a nivel urbano, pero hay que revisar bien las debilidades institucionales en materia de salud mental y replantear la situación en la ruralidad y en zonas que requieren una atención primaria más rápida. Sin querer pretender, podemos generar un sistema segregado.

·         Una nueva política social. Tras años en que nos dijeron que la macro economía era lo importante, nos dimos cuenta que la realidad se vive en la microeconomía, en el presupuesto doméstico. Este nuevo enfoque, a las puertas de una recesión económica, exige replantear las políticas sociales locales a medidas pertinentes y de alto impacto positivo para todos los grupos en situación de riesgo.

·         Una ciudadanía empoderada. Los casablanquinos y casablanquinas exigirán mayor respeto de sus derechos y el reconocimiento de la diversidad en todas sus expresiones, desde la cultura, sexualidad, funcionalidad, etnia, origen, costumbres, etc.

·         Protagonista de los cambios. Desde sus especialidades y vocaciones, artistas, activistas, comunicadores, emprendedores, comerciantes, empresarios, deportistas, educadores, etc., asumirán roles predominantes como agentes de cambios en la comunidad. En esto las mujeres serán fundamentales, mientras se generen institucionalmente los espacios de reconocimiento e igualdad.

·         Desarrollo sustentable. Es perfectamente posible un desarrollo y progreso sin comprometer al medioambiente. La actividad agrícola industrial casablanquina se debe mantener, expandir y diversificar, porque genera riqueza y movilidad social. Pero será próspera mientras sea responsable con su entorno – en particular con el uso de los recursos como el agua – e incorpore las energías limpias y potencie el ecoturismo.

·         Una economía distinta. Una economía distinta. Está creciendo una nueva economía local, donde el productor y el consumidor actúan en virtud de criterios solidarios y justos; sin abuso. La agricultura campesina crecerá de la mano de sus territorios y surgirán con fuerza los modelos de cooperativismo.

·         Todos y todas tendremos un consumo más responsable y premiaremos el comercio justo. La emergencia nos ha demostrado que la vida puede ser plena con lo necesario, en el entendido que formamos parte de un sistema que requiere equilibrios. Esto también es preferir el negocio local, al emprendedor que son parte del barrio, y a quienes generan menos impacto en su cadena de producción.

·         Crecimiento en la innovación. La crisis es también una oportunidad. Ha despertado esa capacidad creativa que estaba dormida. Demostraciones locales tenemos en cómo surgió un comercio de reparto de alimentos, confección de mascarillas, métodos escolares de estudio, incorporación de la tecnología en la vida diaria,  etc. Visualizando los desafíos del futuro, se debe potenciar esa fuerza innovadora en la educación y en los programas de desarrollo y emprendimiento económico.

·         Se valorará una nueva infraestructura. Hoy, que estamos limitados físicamente por el confinamiento y distanciamiento, confirmamos la relevancia que tiene el espacio público como lugar de encuentro, donde confluyen realidades diversas. Las ferias, los festivales, las expresiones artísticas y culturales, retornarán con más fuerza. El urbanismo en Casablanca tiene que ser más ciudadano, colectivo, asegurando la vinculación del territorio con la sociedad.

·         Replantear la solidaridad. En esta ocasión emergió el valor de lo colectivo por sobre lo individual. Nos dimos cuenta que nuestras decisiones y acciones pueden afectar a otros y otras, por ejemplo, mantener distancia social o usar mascarilla. En la práctica esto se refuerza con la ayuda a los grupos de riesgo, tales como los adultos mayores y a las familias afectadas económicamente.

·         Mayor protección del medio ambiente. Usar y consumir lo justo en este mes ya ha tenido resultados históricos en la reducción de emisiones de CO2 (10% a nivel mundial) y en el freno del calentamiento global. Esto nos da la oportunidad de replantear nuestra relación con la naturaleza y reconocer que nuestro comportamiento sí tiene impactos. Privilegiaremos las energías limpias, la electromovilidad, tendremos nuestros propios huertos y escogeremos productos más ecológicos y con menos huella de carbono (reciclables o zero waste). Seremos más conscientes.

·         Una mejor política. Se requiere retornar a una política de diálogo y respeto, con vocación democrática, donde se reconozca a todos y todas como actores claves mediante la participación. El populismo y la demagogia no son el camino. Esto se traduce en nuevos liderazgos e instituciones (municipalidad) con mayor incidencia para la sociedad. También se requieren hoy altos controles para evitar todo tipo corrupción, flagelo que aumenta en una crisis.

Los posibles cambios sociales, económicos y culturales también conllevan amenazas. Hemos visto que ha crecido el temor por el otro/otra, dado el peligro de contagio de este virus. Esto puede incrementar el nacionalismo, racismo, exclusión e individualismo. Igualmente, tenemos el peligro a la libertad y a la protección de nuestros datos personales en post de un mayor control sanitario.

Estamos en un punto de inflexión a nivel mundial. Casablanca, tan lejos y tan cerca a la vez de todo, necesita mirar el futuro como una oportunidad de construir desarrollo con sentido de comunidad.

Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de quien las emite. Y no necesariamente, va de la mano con la línea editorial de Espacio Regional.

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